Blogia

Juan sin Credo

LA VENUS DE STYLÓ (su agonía)

LA VENUS DE STYLÓ (su agonía)

 

Mi amabilísimo doctor di´a Trives:

Finalmente estuve investigando sobre la desnuda figura de terracota que se había encontrado en las actuaciones realizadas para mejorar la calidad del tráfico, cercanas a la Sala del Montacargas. Parece ser que era una deidad femenina que rendía culto al legendario Tespis, considerado por la tradición como el iniciador de la tragedia y que, según Aristóteles, fue el primero en introducir a un personaje.

(Divinidades asociadas a la tragedia)

Por otro lado, me pareció sorprendente el parecido de esta figura con la de Ester Bellver, musa de la escena de dicha Sala durante parte del otoño y principios del invierno de la temporada 2009-2010, con un éxito absoluto.

Esta actriz debutó con dieciséis años en mundo del espectáculo trabajando como bailarina de Revista. Ha desempeñado papeles en nuestro teatro áureo, como en El Caballero del Olmedo, dirigido por José Pascual, o en el Burlador, (Dam Jemet). Así como en nuestros clásicos contemporáneos, como en Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte (José Luis Gómez), en Luces de Bohemia (Helena Pimienta), y Divinas palabras, (Gerardo Vera). Además en un sinfín de obras más como Las Troyanas (Eusebio Lázaro) o Fausto (Götz Loepelman) para recalar, definitivamente, con su apuesta personal arrolladora que tiene su próxima cita el próximo viernes 26 de febrero en el Teatro de la Iglesia de San Nicolás en Segovia.

(Iglesia de san Nicolás)

Así es la correspondencia de los fanáticos de la doctrina del incoercible Juan sin Credo. Mientras, la pesadumbre se había apoderado de nosotros, Los Científicos Futuristas. ¡Vaya faena que nos había hecho la Benemérita! Aunque pensándolo bien, tenían su disculpa si se beneficiaban las vidas humanas pues ya en nuestro tiempo las víctimas en los accidentes de tráfico se habían reducido en un alto porcentaje.

Pasábamos el hastío de la inactividad en nuestra Central de Alarmas cuando se encendieron las luces de aviso. Desde el Museo de Arte Abstracto Español, situado en las Casas Colgadas de la ciudad de Cuenca, nos llegaba una señal de urgencia. Entre las níveas paredes de tan laberíntico Museo, donde se encuentran las sugerentes formas del conocido delinialista de la ciudad -cercada por las mansas aguas del Júcar y del Húecar- Fernando Zóbel, apareció, misteriosamente, un lienzo con unas pinceladas desfiguradas que pretendía imitar la figura ancestral de una deidad femenina dedicada a Tespis.

(Casas colgadas)

 Al haber dado positivo en un control de alcoholemia y retirarnos durante un mes el carné de naves intertemporales, decidimos adelantar nuestros relojes y presentarnos a principios del 2011, cuando el AVE, con varios meses de retraso en su inauguración, paraba ya en dicha ciudad camino de las tierras del Levante. Nuestros detectores de frecuencia delataron la impostura. No era arte abstracto, ni siquiera era flecha que podía competir en ARCO. Era algo distinto, un texto de nuestro idolatrado Juan sin Credo, fechado a 12 de febrero de 2010 en la Sala Montacargas, cuando asistió a ProtAgonizo de Ester Bellver. No queriendo retrasar ni un brochazo más mostramos, a sus únicos y fieles lectores, la paleta policromada nihilista de su imaginación para deleite y disfrute de sus escasos ratos de ocio.


Nuevamente crucé el río para encontrarme con el maestro Juan Antonio que me había insistido, ya desde finales de diciembre, para que viera ProtAgonizo. Departimos breves palabras cargadas de sosiego mientras esperábamos para subir al patio de butacas. En la sala -no apta para claustrofóbicos- el aforo completo, tanto que tuvieron que poner butacas en escena. Me quité el abrigo y la bufanda y apagué el móvil.

undefined

(Oye tú, tú que me miras...)

Tardaron en empezar colocando al público. La última en entrar fue la mejor actriz, según la academia cinematográfica española, en la gala de los Goyas que se celebraría dos días después. Para mi, casi dos horas más tarde, fue Ester Bellver, de la que la premiada también dio cuenta al acompañarla con estruendosas carcajadas y un fuerte batir de palmas desde su butaca en el escenario.

Frecuentan, ocasionalmente, mis retinas los desnudos cuando llega el estío y me marcho a la costa pero en escena siempre había sido reacio al desnudo sin fundamento. Ahora, cuando tal desnudo representa la configuración intrínseca del personaje me admira su tesón y valentía de enseñar su intimidad sin tapujos ni remordimientos. Grande y única en la escena como en las primeras tragedias griegas, donde el público representamos, a su vez, el papel de corifeo mudo pero repleto de sentidos.

(El decorado)

Tres espejos, uno en el centro y los otros dos a cada lado de forma oblicua, proyectaban la imagen repetida de Ester. Actriz total que maneja todos los registros y que irá desengranando, delirantemente, cuadro por cuadro, múltiples episodios de la vida en la que cada uno de nosotros somos el protagonista.

Retazos de su infancia, proyectos inacabados de su adolescencia, fracasos en la juventud, mediocridad en la madurez. Insatisfacción constante de las etapas por la que se sucede nuestra trayectoria existencial, marcadas con el ácido barniz de la ironía que hace brotar una desgarrada sorna, tan necesaria para la supervivencia del individuo.

(La gran Ester)

Destacaría el número de la primera menstruación. El mensaje que llega al espectador es, permítanme la expresión, sublime. La tragedia que supone el crecer, el temido paso del tiempo, la conciencia que se va adquiriendo por el abandono de uno de nosotros -la niña que muere-, para tener que ser otro más, otro distinto se muestra mediante el gesto de unos tiznajos de cera roja sobre las ingles. Una mínima señal para un significado enorme y trascendente.

También me gustaría señalar la crítica mordaz que se plantea a lo largo de las escenas sobre la educación religiosa recibida por Ester. Una educación, a todos modos, castrante, inadecuada, intolerante con los desdichados espíritus libres como los de la protagonista.

(Cartel anunciador)

En resumidas cuentas, una afortunada velada en la que se paladea con placer el elaborado trabajo de una esforzada actriz, que lleva tantos años peleándose sobre los escenarios para terminar siendo la mejor protagonista de su mejor obra, la de su propia vida.

Dicen que Juan sin Credo se despidió del Maestro que estaba en compañía de Chema de la Peña, no sin antes adquirir el texto de ProtAgonizo que leyó con devoción durante el viaje de vuelta. Dicen que Juan sin Credo observó su fragilidad literaria sin una presencia escénica que le proyecte el último contenido. Dicen que Juan sin Credo pensó que ese texto y la actriz son inseparables como son inseparables nuestras vidas de nuestras actuaciones diarias y que el fin de nuestra vida da muerte a nuestro texto dramático. Dicen que al llegar a su destino encendió su móvil y vio que había recibido un mensaje de un amigo de su adolescencia en el que le decía que había fallecido su padre. Fin del espectáculo, de la tragedia. Para ese padre había acabado el protagonismo.

(Requiescat in Protagonizam)

Pujalte, Cámara: ¡¡FICCIÓN!!

Pujalte, Cámara: ¡¡FICCIÓN!!

 

Mi piadosísimo Postrergénito López:

Finalmente recabé aquellos datos que me solicitaste. Ya sabes de la formación británica de Itxi Estuñiga, pues yo como tú soy de la cepa hispana. Insiste mi diva en recordarme una y otra vez la archiconocida cinta de Shakespeare enamorado, aunque también son importantes otras obras suyas como Rosencrantz y Guildenster han muerto, cuyos protagonistas son los personajes de la obra de Shakespeare, La costa de la Utopía, trilogía (Viaje, Naufragio y Rescate) que nos muestra una reflexión sobre la literatura y el arte durante el segundo tercio del siglo XIX, Rock´N´Roll, de estreno inminente en el Matadero y, por supuesto, Realidad (The Real Thing), a cuya puesta en escena asistió el inenarrable Juan sin Credo...

(Cartel de la archiconocida película)

Una vez más aireamos la correspondencia inédita e insólita de estos dos fanáticos de la doctrina de Juan sin Credo. Idólatras de su conciencia crítica, que como ya sabemos tiene un acentuado carácter nihilista, absurdo y filo-cartesiano.

Mientras tanto, esa noche nos tomamos los Gin-Tonic más sabrosos de toda la capital pero, finalmente, el precio a pagar fue excesivo. Nuestro nave intertemporal topó con un control de alcoholemia protagonizado por la Benemérita. El vehículo presentaba todos sus papeles en regla, cuando al soplar en aquel cacharro...¡¡Se marcó en positivo un documento de Juan sin Credo!! Ante nuestro tan espontáneo entusiasmo, el señor agente nos advirtió del previo pago del importe. Cuatrocientos euros, cuatro puntos menos del carné de conducir, además de su suspensión por un mes.

(El Reglamento es el Reglamento)

Este etílico texto mostraba la visita al María Guerrero, el 5 de febrero de 2010, donde se estaba representando Realidad de Tom Stoppard, una versión de Juan V. Martínez Luciano, bajo la dirección de Natalia Menéndez. No queriendo que se derrita ni siquiera un milímetro cúbico de ningún cubito de hielo, llenamos de nuevo la copa de la vida para el deleite de los únicos y fieles lectores del embriagado Juan sin Credo.


Sonaron las trompetas de la Fiesta del Teatro. La llamada a las butacas venía convocada por el multiforme Padre de las Criaturas, el gran Juan Manuel Romero. También vi a algunos de sus hijos, Javier y Karlos, Prisioneros en Mayo por la cautividad de su especie. Del mismo modo, llegó el maestro Juan Antonio, incluso la de los precisos análisis tras una labrada experiencia como espectadora, Maritxu, amiga cercana del maestro. Por mi mano, algunos habituales, Jimena del Mar Mediterráneo y su alegre mancebo, Carso el Neperiano, mi político Bolicéfalo Saavedra de las Conesas y, por primera vez, la discreta y sencilla SoniBaMa The Teacher.

(La última del Padre)

Al entrar a medio telón, el escenario mostraba una enorme estructura de madera dividida en tres espacios, siendo el central la suma de cada uno de sus lados. A su vez, tras la segunda escena, se observaban dos alturas, aunque la superior tenía, sólamente, una función ornamental. Mareaba el vértigo constante de subida y bajada de puertas -bien de metacrilato, bien de madera- con cada uno de los cambios de las secuencias. Además el Deus ex machina, que elevaba desde el subsuelo a algunos personajes, fue, a mi parecer, una nota excéntrica que rompía en mil pedazos la verosimilitud que intenta proponer el texto principal del autor.

En cuanto al decorado, estaba compuesto por unas piezas cuadradas de goma-espuma abatibles, que se convertían bien en camas, en sofás, butacas de tren o mesas de estudio....En fin, excesivo alarde de ahorro, aún en los tiempos que corren, de mobiliario realista. Sorprendieron, con una aportación en un punto desestabilizadora, las mozas de cuerda -al estilo Burguer King sobre todo por sus gorritas de visera-, desplazando, en la oscuridad del telón abierto, dichos cubos de un lado para otro.

(El autor)

En cambio habría que resaltar, positivamente, la técnica audiovisual, la cual está muy elaborada. La imagen embauca, sobre todo, como es el caso, si el texto tiene tanta sumisión a la tiranía del cinematógrafo. El paso del tiempo con las inclemencias meteorológicas de fondo sobre el árbol que se despoja de sus vestiduras para volver a renacer me pareció un gran acierto. También me gustó el fuego de la chimenea, cuando se aumenta el zoom. Fuego que queda remarcado, a su vez, con un potente foco de luz naranja, llegando casi a incendiarnos las pupilas.

Asimismo, se debe subrayar la ambientación musical -viga maestra de la dramaturgia- concatenada de forma magistral con el texto dramático. Todo el imaginario pop anglosajón de los años ochenta, -desde la apertura con Karma Chameleon de Culture Club, hasta el cierre con Rama lama ding dong de Rocky Sharpe and The Replays- se encuentra destilado, acorde tras acorde, durante el transcurso de la obra. También aparecerán algunos otros fragmentos de música clásica de Vivaldi, Strauss o Verdi.

(El actor)

Continuando con el vestuario, se puede decir que era elegante, moderno y muy variado. Destacarán los trajes sobrios de Javier Cámara y los vestidos sugerentes de María Pujalte, en seda, lino y algodón. Estupendo trabajo el realizado por la figurinista María Araujo que ha sabido leer la actualidad del texto buscando en los almacenes comerciales de las grandes firmas sin tener que acudir a una confección de elaborados diseños.

Tratándose del elenco, elegiría la fascinación que ejerció el trabajo de Javier Cámara. Metido hasta la médula en la piel de su personaje, Henry, fue capaz de transmitir, en menos de dos horas, la transformación de un individuo carente de sentimientos en otro más humano, más cercano, gracias al amor que emana de los otros, especialmente el del personaje de Annie, interpretado por María Pujalte, -magnífico contrapunto para la plena identificación actoral de Javier-. Me pareció significativa la escena, casi al final de la función, cuando, en un segundo plano, se ve, proyectada sobre el público, su sombra abatida. Signo de su rendición ante la inevitable evidencia de la promiscuidad de su amante, una debilidad surgida por medio del interés que le suscita un ser humano que no está dentro de él mismo.

(Los principales)

De los otros actores, apunto la buenas maneras que se vislumbraban en la jovencísima figura de Patricia Delgado, Debbie. A pesar de su escasa participación –un único cuadro- aprovecha muy bien su oportunidad. No se cebó en su papel de niña bien venida a macarra, para así llevar la contraria a unos padres liberales que nunca la atendieron con verdadera afectividad. Sin embargo, he de comentar que Juan Codina se puso el listón muy alto con su excelente interpretación la temporada pasada de don Igi, el Indiano, en La cabeza del Bautista y en esta ocasión le cuesta impregnar de veracidad a su personaje Max.

En definitiva, buena dramaturgia de una difícil obra, debido a los múltiples escenarios que contiene, de Tom Stoppard, con un mensaje existencial cifrado en la evolución de un individuo, desde su primitiva identidad ególatra hacia una dualidad que le configura una actitud aperturista del Ser, donde, finalmente, la fidelidad se convierte en un ideal carente de significado y prima un amor incondicional que supera cualquier tipo de convencionalismo social.

(La dramaturga)

Dicen que Juan sin Credo había estado entretenido contemplando la función de Realidad. Dicen que pensó qué distintas experiencias se sienten en los mismos lugares y si hace mes y medio había salido despotricando decepcionado de Bodrios de Sangre está vez estaba más satisfecho. Dicen que sólo un cuarteto no hace soneto pero sí si son dobles, aunque no hubo terceto, pues echaron de menos a los Condeses de Abascal. Dos botellas de vino del Bierzo, apellidado Utaris, y dos copas de más les hicieron de menos y a las dos se marcharon los dos, el político Bolicéfalo y Juan sin Credo cada uno por su lado. Los otros dos vieron a otros dos vestidos de verde marciano con un extraño aparato en la mano. Dicen que Jimena del Mar Mediterráneo le dijo a Juan sin Credo que ese extraño aparato en realidad, no de Stoppard, se llamaba alcoholímetro.

(Por un mal soplido)

El condenado por desconfiado

El condenado por desconfiado

 

Dicen que Juan sin Credo piensa asistir al nuevo montaje de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, El condenado por desconfiado, atribuido a Tirso de Molina, con versión de Yolanda Pallín y dirección de Carlos Aladro, que será representado en el teatro Pavón de Madrid entre el 5 de febrero y el 4 de abril de 2010.

(Tirso de Molina)

Dicen que el argumento de la obra plantea el problema antitético de la predestinación del hombre frente al libre albedrío. Un gran conflicto que muestra dos concepciones bien distintas de cómo actuar ante las diferentes situaciones que se le presentan al ser humano a lo largo de su existencia.

Dicen que es la primera vez que se incluye este drama dentro del repertorio de la CNTC con un elenco excepcional; pudiéndose destacar dentro del mismo, entre otros, a Daniel Albadalejo, en el papel de Enrico, a Francisco Rojas, en el de Demonio, y a Muriel Sánchez, interpretando el personaje de Celia. Equipo actoral que triunfó, durante la temporada pasada, con la puesta en escena de La Estrella de Sevilla, perteneciente, según algunos investigadores, al dramaturgo Andrés de Claramonte.

(Muriel de Estrella)

Dicen que ha escuchado que las adaptaciones de Yolanda Pallín, autora del estudio sobre la brillante figura cómica de la escena barroca, Juan Rana, -publicada en la colección Biblioteca Temática RESAD por la Editorial Fundamentos- se caracterizan por una tendencia ultra-pop modernizadora que hace temblar los bigotes de los más castizos.

Dicen que Juan sin Credo -dejando de lado las habladurías de la gente- espera una versión del Condenado lejos de cualquier astracanada repleta de despropósitos y desatinos, confiando en que tenga el merecido éxito, tanto de la crítica como del público, no sólo en la siempre difícil plaza de la Capital, sino en los festivales veraniegos de Cáceres, Elche, Niebla, Almagro o Alcalá de Henares.

(Castillo de Niebla)

 

...La cena nace aL...

...La cena nace aL...

 

Ya habíamos comentando con anterioridad el interés que nos despertó el gran descubrimiento de los documentos inéditos de Juan sin Credo en el monasterio de la Valldigna (http://postrergenito.blogia.com/2009/072901-el-sillon-iconoclasta-y-la-caja-de-los-hilos punzantes.php)

De vez en cuando nos gusta publicar alguno de estos textos, alejados del bullicio y estrépito de las Salas de Butacas. Más bien, como decía Fray Luis, están forjados tras una retirada vida a la lectura individual y silenciosa.

(...descansada vida que huye...)

No pretendiendo interrumpir en un h(i)(a)to el diptongo de su sílaba, trasmitimos a sus únicos y fieles lectores una delirante impresión sobre la última novela de Gonzalo Hidalgo Bayal, El espíritu áspero, publicado en el 2009 por la editorial Tusquets.

 

Llegué al día de san Silvestre merendándome el Proyecto Nocilla, de Agustín Fernández Mallo, del cual no sacaré la más mínima expresión sino estas breves líneas que aquí pronto remataré. Los dos primeros volúmenes, Nocilla Dream y Nocilla Experience, tienen alguna validez literaria, pero el último, Nocilla Lab, desmejora sensiblemente el resultado final de producto editorial de Alfaguara.

(Nocilla de merendilla)

Con tanta crema de chocolate en la retinas, pasé a la cena de una lectura más sabrosa con la novela de Gonzalo Hidalgo. Previamente a El espíritu áspero, había practicado su fondo y forma en alguna otra de sus obras, que, por cierto, son bastantes difíciles de encontrar, a excepción de las publicadas en Tusquets.

La paradoja del interventor fue un grato descubrimiento. Merece la pena reseñar el trato inaudito con el que se presenta la realidad, empujada hacia una tremebunda angustia que ofrece una sensación de encontrarnos impotentes ante un callejón sin salida. También me sorprendió El cerco oblicuo, novela corta donde el azar se impregna de un alto valor geométrico y racional, siendo capaz el autor de transformar la ficción en un trasunto brumoso y escapadizo.

(Callejón sin salida)

Con este equipaje repleto de emociones, comencé la verbena verbal -tocada por una orquesta compuesta de un armonioso ensamblaje narrativo- de la última novela del profesor Hidalgo, que está teñida con una fuerte impronta rabeliana. Tal impronta se presenta, gracias a una persistente tendencia hacia la ponderación de los caracteres y a un humor radicado en unos juegos continuos con las palabras, con las situaciones grotescas, con los equívocos o los enredos y a un sinfín de situaciones más que se van viendo impregnadas de la melancolía y la nostalgia de una vida que, finalmente, ha alcanzado su término.

(El narrador testigo)

La novela comienza in media res, y el narrador, el propio autor, es un narrador-testigo, bien porque participa directamente de los acontecimientos, bien porque los conoce a través de una especie de libro de memorias que pertenece al personaje principal: don Gumersindo. Como he señalado la acción despunta en el medio de los sucesos, con la jubilación de este catedrático de Lenguas Clásicas de un Instituto de Enseñanzas Medias, situado en la ciudad recreada de Murania.

A partir de aquí los breves capítulos, o más bien parágrafos, articulan su biografía desde su infancia, jalonándose con episodios de un grupo de chavales que han sido sus últimos alumnos, cuya musa, Minerva Cabañuelas, servirá de nexo entre los dos cronotopos, que avanzan linealmente, hasta terminar por fusionarse en el tramo final de los días del ya anciano profesor.

(Minerva, la de los ojos de lechuza)

En todo este recorrido histórico por la biografía de un hombre -es digno de mencionar los escasos datos con los que cuenta el lector para contar el tiempo exacto en el que se sitúa la acción de la novela- aparecerán un carrusel innumerable de personajes de los que merece la pena destacar al patriarca Pedro Cabañuelas, forjador de una dinastía rural, que encarna la acción frente a la contemplación de Sindo, diminutivo afectuoso que recibirá el profesor por parte del Canícula, pseudónimo referido a don Pedro.

También se encuentran el párroco don Bonifacio, el maestro don Ananías o el fiel amigo de Pedro, Ramonato, todos ellos personajes relativos a la infancia de Sindo. Asimismo recordamos a Vizcaíno o H2, compañeros de la Universidad, a los que se puede añadir el estudiante americano de antropología Walter Away. Mientras que en el grupo de alumnos sobresalen Valentín Valiente, alias Mentecato, líder espiritual del grupo Tía Laos, la citada Minerva, su media naranja, y el disparatado vate de Murania, Ramiro H. Espinosa, que eternamente cortejará a la musa Minerva sin ningún resultado positivo.

(Un antecesor galo del bardo Ramiro)

El espacio que nos encontramos es una geografía de autor que tiene como punto de referencia la zona norte de la provincia de Cáceres, dato que podemos dar por hipotético al ser el lugar de origen del autor y donde, también, actualmente, imparte docencia, como, asimismo, por algunas ligeras referencias que se encuentran esparcidas por la novela.

Todo este espacio inventado presume del más mínimo detalle y la pulcritud topográfica nos lleva a imaginarnos una imagen precisa de Tierra de Murgaños: Pico Garabo, Peña Quemada, Quebrada del Jayón, Hondón del Descuernacabras...lugares donde la naturaleza aún predomina con una disposición mítica que favorece la creación de una fantasía, dispuesta a reclamar un justo lugar junto a la más verídica de las cartografías proyectadas por el hombre.

(Posible cartografía de la Tierra de Murgaños)

En cuanto a los temas, podemos señalar un amplio abanico que concentraría aquellos que reflejan con mayor hondura el sentido existencial y metafísico del hombre; así nos hallamos ante núcleos temáticos tan importantes como el amor, la muerte, la amistad...

Las influencias se pueden rastrear en Cervantes -es singular el ejemplo de la madre de Ramonato que tiene una fuerte reminiscencia con la pastora Marcela- incluso en don Juan Manuel -el mismo personaje en su matrimonio con Agustina recuerda el aroma del episodio del mancebo que casó con mujer brava-. No obstante, las referencias culturales y literarias son infinitas; la Biblia, la historiografía grecolatina, los autores clásicos como Horacio y los autores en lengua vulgar como Petrarca...

(Ridiculus mus)

En resumidas cuentas, un festín literario que hace las delicias de cualquier lector de cultura media. Los palíndromos, palabras o frases que se leen igual de izquierda a derecha o viceversa, las paronomasias o el empleo de los pseudónimos, así como los ejercicios poéticos de Ramiro H. Espinosa nos hacen sonreír ante la profundidad y hondura de un trayecto vital en el devenir de un tiempo que nunca más será nuestro. Un tiempo donde el espíritu se torna en áspero.

Dicen que Juan sin Credo leyó en el número 949 del Babelia una entrevista, entre otros a Agustín Fernández Mallo, sobre La narrativa española contemporánea y sus derroteros y le dio la risa. Dicen que aunque le gustó en conjunto, alguna parte de la novela El espíritu áspero le pareció pretenciosa, como aquella donde aparece el personaje Gumersindo enmendádole la plana a la figura de Antonio Machado. Dicen que Juan sin Credo pensó la dificultad ante la que se va a encontrar Gonzalo Hidalgo para superarse a sí mismo en su siguiente novela.

(El futuro de la narrativa hispánica)

Cuéntate un cuento y verás un tormento

Cuéntate un cuento y verás un tormento

 

Científicos Futuristas, Científicos Futuristas, Científicos Futuristas

refulgía cálida la pantalla. En el puerto de Barcelona, desde el pailebote Santa Eulalia, construido en 1918 y restaurado 90 años después, había aparecido un alijo estraperlista de harina. Incautado este polvo blanco, se llevó a los hornos próximos de las atarazanas barcelonesas para cocerlo y hacer masa de pan. Al removerlo y calentarlo salió un extraño alimento que tenía en jaque a toda la marinería portuaria que iba entonando por los aledaños del Museo Marítimo famosas canciones libertarias, induciendo pues al escándalo e hiriendo los bien pensantes oídos de la alta burguesía catalana.

(Pailebote Santa Eulalia)

Temprano llegamos y nuestra nave intertemporal amerizamos. Era Juan sin Credo, el ingobernable, el iconoclasta, el santón nihilista. Su documento versaba sobre la asistencia a un cuentacuentos en la biblioteca de la Villa de Vallecas, el 23 de enero del 2010, bajo la interpretación de Fábulo, con el título de Cocinando los cuentos. Queriendo que sus únicos y fieles lectores degusten la gula en su paladar, dejamos, a continuación, en fuego lento su texto hilarante y filo-cartesiano.

Fue al profesor Senabre a quien se lo escuché, aunque sus palabras carecieran totalmente de la más mínima credibilidad, contenían un punto de justicia y equidad. Decía que nunca había hecho crítica alguna sobre un amigo suyo pues era imposible pretender ser parcial cuando existe de por medio una confianza y un legado sentimental. Algo así me pasaba con mis amigas Volvoretas. Mi decadente amistad con Zeniala me impedía coger el escalpelo quirúrgico y sanear las excrecencias impúdicas de su último número de cuentacuentos. Pensaba que, primeramente, tendría que coger otra víctima para foguearme en mi disección critica y poder, con posterioridad, afrontar mi lectura de un espectáculo de las Volvoretas más sosegado y repleto de moral. Entonces elegí a Fábulo, el cocinero de los cuentos, uno de los componentes del grupo Primigenius. Diversión garantizada.

(La aguerrida Zeniala)

Varias veces habíamos hablado de este tema con Zeniala: el bajo grado de respeto del público que asiste a un cuentacuentos y la nula asistencia de los profesionales de la sala para mantener el orden en el evento, por lo menos en la Biblioteca de la Villa de Vallecas, Luis Martín Santos. El espacio donde se desarrolla la sesión de los cuentacuentos no es ni mucho menos el adecuado. En medio de la zona infantil se encuentra una bebeteca con forma de iglú que tiene varias sillas y puffs de prolipopileno diseminadas a su alrededor, al igual que varias estanterías móviles con cuentos.

Primer error. ¿Qué hacen ahí esas estanterías? ¿No hay ningún responsable que las retire? Interesa que tanto los niños como los adultos concentremos nuestra atención en el personaje que está intentando realizar lo más dignamente posible su función. El segundo ya lo hemos adelantado ¿No debería ser obligación de los bibliotecarios la custodia y garantizar el silencio en la sala? Bien es cierto que estas actividades lúdicas han engrandado el concepto de biblioteca como lugar de estudio pero no me parece que el bibliotecario se sienta indiferente hacia una actitud de desorden generalizada. O si no que intervenga el guardia de seguridad que también está cobrando de nuestros impuestos.

(¿Garantía de silencio...o qué?)

Aún así Fábulo comenzó con el espectáculo. Su sesión se enmarca dentro de un acto de cocinar. Los elementos son la cacerola Lola, las cucharas Sara y Tamara y el mortero que pica ajo en enero y en febrero y perejil en abril, además de un morterillo que le falta medio culillo. Los demás ingredientes son la imaginación y la fantasía de los espectadores.

Después remueve que te remueve para ver qué cuento viene. El primero fue el Mostruo Peludo, un clásico que sigue a rajatabla las funciones estudiadas por el formalista ruso Vladimir Propp, en su también ya clásico libro Morfología del cuento. El menú se aderezó con unas cuantas adivinanzas, la última muy graciosa. ¿Cuál es el animal que tiene al padre en el mar y al hijito en la iglesia? Fábulo nos dio muchas pistas pero no lo adivinamos. ¿Vosotros sabéis cuál es el animal? Pues el pulpo, el padre, en el mar y su hijito, el p(ú)lpito, en la iglesia.

(Vladimir Propp)

Para entonces ya empezaba a estar todo demasiado revuelto. Padres que no se responsabilizan de sus hijos. Madres que insisten en que su hijo de un año siga permaneciendo en el cuentacuentos porque a ella sí le gusta. Y Fábulo, armándose de paciencia, remueve que te remueve para ver qué cuento viene.

2º Plato: Pipí Caca es la historia de un conejito que sólo sabe decir Pipí Caca y que es devorado por un lobo que se indigesta por tragárselo vorazmente. Empachado llama al doctor Conejo que resulta ser el papá de Pipí Caca. Al no haber sido masticado sino engullido Pipí Caca sale de la barriga del lobo indemne, además ya sabiendo hablar para sorpresa del padre, pero este dominio del lenguaje sólo le durará hasta llegar a su casa pues otra vez, bisilábico, su vocabulario se reducirá a una palabra ventosa y olorosa: ¡¡Pedo!!.

(El conejo bisilábico)

En el postre ya estaba todo desatado. Al fin, menos mal, alguna madre se fue con su niño llorando en brazos, aunque otras seguían insistiendo en boicotear la función con su mala educación dejando hacer a su hijo lo que le viniera en gana. Fábulo terminó el sabroso menú con Luna, luna, luna. Luna, luna, sol. Luna, luna, luna. Luna corazón...

Dicen que Rivimar de las Saavedras y Juan sin Credo salieron echando chispas. Dicen que pensaron poner y pondrán una reclamación por escrito y si no la pusieron fue porque su tierna criatura, Francis La Icó, tenía ya que comer y estaba un poco cansado. Dicen que saludaron con sinceridad a Fábulo, dándole la enhorabuena por esa paciencia que le ha dado dios y esperando mejor ocasión donde el público guarde el debido respeto que se merecen estos profesionales. Artistas que se ganan la vida haciéndonos disfrutar como al niño que siempre conservaremos en nuestro corazón y en nuestra memoria.

(Se aburre en los cuentacuentos)

Astracanada en nuestra opinión

Astracanada en nuestra opinión

 

Mi amantísimo doctor Di A´Trives:

Una vez más vuelvo a manifestar mi agradecimiento por tu interés en la búsqueda sobre ciertos datos que me hacían falta para corroborar la doctrina de mi admirado Juan sin Credo.

Puedo suponer que el valenciano Guillén de Castro gustaba de una animada tertulia en su ciudad llamada la Academia de los Nocturnos, además de gran admirador de la obra de Lope, a quién dedicó la Parte primera de sus comedias en 1618. Desgraciadamente su temperamento fue tal que no logró conservar la amistad de los que le ayudaban, y murió, paupérrimo, en el hospital de la Corona de Aragón el 22 de julio de 1631...

 

Hasta aquí los puntos que más nos interesan de la correspondencia entre Lolo di A´Trives y Postrergénito López, en esta ocasión referidos a un autor levantino y levantisco, el cual puede atribuirse la creación de la comedia de figurón, posteriormente desarrollada y encumbrada por Agustín Moreto y Cavana en su obra El lindo don Diego. Nosotros nos centramos, no tanto en la veracidad teórica sino en la espontaneidad del texto espectacular. De ahí nuestra obsesión por descubrir todos y cada uno de los documentos de nuestro idolatrado Juan sin Credo.

(Perfumes de moda)

Para entonces la llamada provino de una importante cadena de perfumerías. Sucedía que su producto de cosmética más innovador despedía un fuerte aroma a rebelión y librepensamiento. Tanto era así que estaba dispuesta a intervenir la Consejería de Seguridad e Higiene de la autoridad competente de signo ultraconservador que defendía el olor a santidad. Pusimos en marcha todas las alarmas, pues la oferta era suculenta: un bono en afeites para todo un año. Cuando llegamos se nos cayeron todos los pelos de la barba al descubrir otro texto crítico del gran libertino. El 14 de Enero del 2010 había asistido a la sede temporal de CNTC en donde la Compañía invitada Teatres de la Generalitat puso sobre las tablas El Narciso en su opinión, de Guillén de Castro, bajo dirección escénica de Rafael Calatayud.

Días son de fiesta del teatro cuando te ves rodeado de un grupo de compañeros y amigaspresumiendo de lo que menos sabemos pero más hemos estudiado. Público peligroso aquel que se agarra a la butaca con una amplia cultura libresca y varias tardes de telón y bambalinas. Los Condeses de Abascal, Jimena del Mar Mediterráneo y su mancebo Carso el Neperiano, Alonso de Cartagena Egáleo, Luz Sonora de la Partitura...En fin gente elegante del pensamiento con muchas hojas de programas de mano, castizos, puristas y respetuosos con el patrimonio cultural del nuestro teatro áureo.

(La Estrella de Sevilla)

Evidentemente pensamos que una actualización de los clásicos puede ser positiva para intentar que un mayor número de espectadores acuda al teatro. Nos acordamos, por ejemplo, de la reciente puesta en escena de la Estrella de Sevilla realizada por el director de CNTC Eduardo Vasco (http://postrergenito.blogia.com/2009/060101-la-constelacion-cntc-brilla-con-la-estrella-de-sevilla.php). Sin embargo, nunca estaremos de acuerdo con una ridiculización exacerbada de los mismos, ya que nos parece una tremenda falta de respeto a la tradición y a aquellos autores que la representan. Se nota que es el primer acercamiento de Calatayud a los clásicos y esperamos que sea el último si sigue por este camino.

No importa tanto que el espacio escénico muestre una galería de moda al estilo Lafayette con tres niveles de altura, siendo el espacio intermedio atravesado por una cristalera transparente por donde se ve corretear a los actores. Tampoco es para tener en demasiada consideración el vestuario moderno que presentan algunos de los actores, incluso las pistolas por las espadas o la música de película cómica entre escenas. Hasta se puede permitir el tono de vodevil escaleras arriba, escaleras abajo y el abrir y cerrar de puertas casi permanente.

(Logotipo Teatres)

Pero no, no se puede tolerar el vestido de Reina Putón del Carnaval del Encaje con Bordón de Cortinón, colgando de sus partes pudendas, que se pone la criada Lucía, Ester Vallés, para engañar a don Gutierre. No, de ninguna manera, simplemente es bochornoso. Por no decir el traje de Carpanta con el que se viste don Pedro, Juansa Lloret, o el disfraz del botones Sacarino que lleva el personaje refundido del criado, paje y escudero, Carlos Amador, o los calcetines con sandalias o zapatos de tacón de Mencia, Laura Useleti, o Inés, Victoria Salvador. Figuras que parecen todas ellas sacadas de las páginas más cutres de los tebeos

En definitiva, una apuesta fallida que se regodea en la exageración de los gestos y caracteres, tirando por la borda un excelente trabajo del grupo de actores, donde destaca el personaje de Tadeo, interpretado por Xavo Giménez, y, por supuesto, la figura del atildado presumido don Gutierre, papel desempeñado por Manolo Ochoa.

(Xavo y Manolo)

Dicen que Juan sin Credo no daba crédito a los que estaban viendo sus sorprendidos ojos. Dicen que se entristeció por el trato que recibe el Teatro Clásico en numerosas ocasiones y que pensó en las extravagancias y el mal gusto de alguno de los dramaturgos contemporáneos. Dicen que cuando pasaron por la Plaza de la Cebada y vieron el cartel de la obra Sexos, señalaron la semejanza intelectual entre los dos montajes teatrales.

(¿Teatro Clásico?)

 

 

Hombre sin pieda(d)=(d)es-esperado o El Roscón con Nata de las Navidades

Hombre sin pieda(d)=(d)es-esperado o El Roscón con Nata de las Navidades

 

Mi magnánimo doctor di A´Trives:

No he conseguido que mi ánimo se sosegara hasta que no comencé esta presente misiva. ¡Qué placer llegar con el postre y releer, nuevamente, al impetuoso Juan sin Credo ! Bien te puedes imaginar el disfrute de la dulzura empalagosa de este bizcocho relleno con nata y salpicado con frutas escarchadas más las polémicas encendidas de tan radiante crítico.

En este momento, las páginas entre las que me pierdo tratan de David Mamet. -Si hombre, si- Acuérdate de su origen eslavo y religión semítica, sus inicios con la St Nicholas Company, el estreno neoyorquino en 1975 de Perversidad sexual en Chicago, en el St. Clements Theatre del circuito Off-Off Broadway que le abrirá el camino de la representación en Broadway de El búfalo americano ese mismo año.

(David Mamet)

-No te suena-, pero doctor. ¡Qué despiste! Espera que voy a coger otro trozo de este delicioso Roscón. Te comentaba que este dramaturgo, -coof- nacido en Chicago, es el autor de Glengarry Glen Ross -ejem, ejem-, premio Pulizter de 1984, cuya versión cinematográfica, -grunch, grunch, grunch- de 1992 llevaba el título de Éxito a cualquier precio. Disculpa -tuf, tuf, tuf, tuf- voy a beber un poco de agua, -aghg, aghg, aghg, aghg, aghg-, creo que me he atragantado, -coof, ejem, grunch, tuf, aghg...

Ésta es otra de los cartas del epistolario inédito en poder de Lolo di A´Trives sobre Postrergénito López. Por su puesto que no nos incomoda la pregunta de dónde y cómo conseguimos esta valiosa documentación que confirma el interés por el inquebrantable Juan sin Credo. Dado los numerosos viajes que por todo el mundo hacía el doctor di A´Trives, un día, a finales de diciembre, de trayecto hacia Barcelona, llevaba el maletín de su correspondencia con motivo del XV Congreso sobre el Nihilismo Doctrinario Contemporáneo, donde pensaba exponer una comunicación sobre la influencia de Juan sin Credo en la exégesis quietista.

(Andenes de la estación de Sants)

Con la hora justa, salió pitando en dirección a la salida de la estación de Sants, dejándose olvidado dicho maletín en el vagón. El equipo encargado de la limpieza de los trenes lo dejó en la oficina de objetos perdidos y ésta lo tramitó al servicio postal. Como durante aquellos días la mayoría de las cartas tenían el destino del lejano Oriente, toda esta correspondencia inédita fue a parar, en una única valija, a manos de los Reyes Magos, que se pusieron en contacto con nosotros, visto el interés que siempre habíamos mostrado por rescatar todo lo relacionado con la palabra del denostado crítico de la cultura Juan sin Credo.

Paralelamente, recibimos una llamada del Hospital de San Rafael, pues en el estómago de un paciente se había encontrado un adornito pueril, de ésos que se encuentran en los Roscones de Reyes, que contenía una extraña y oculta inscripción. No lo dudamos: Juan sin Credo. Así fue; otro éxito para nuestros eficaces medidores de frecuencia. Tal documento estaba fechado a 3 de enero de 2010 y trataba sobre la puesta en escena de Glengarry Glen Ross bajo dramaturgia de Daniel Veronese en el Teatro Español. Pensando siempre en el disfrute de sus únicos y fieles lectores pasamos a continuación a transcribir su hilarante y lúdica doctrina.

(De nuevo Veronese)

De vez en cuando me gusta empaparme de soledad para sobrevivirme como individuo y poder contemplar con detenimiento la naturaleza humana. Se había adelantado el pistoletazo de salida de las rebajas y hordas de sapiens consumistas copaban las escaleras mecánicas de la parada de metro del Templo Comercial.

El centro de la ciudad también se tornaba angustioso, con las aceras impracticables de peatones ávidos del último regalo como si de la última copa se tratase. Llegué con tiempo al Español y ascendí a los techos, compañero de la gigante lámpara de lagrimones, espectadora sempiterna de éxitos y fracasos a lo largo de los tiempos.

(Prima hermana de la lámpara del Español)

El escenario abierto a 90º, cuya bisectriz parte del punto medio de las tablas, nos muestra un espacio con tapices de motivos orientales a la izquierda del espectador, mientras que a la derecha se encuentran dos mesas de camilla, separadas por una bambalina con gasa transparente. Todo ello iluminado con un potente color rojo. En primera línea, otra mesa a la izquierda y un sillón de sky a la derecha. También un teléfono, humo de cigarrillos y whiskies solos con hielo o sucedáneos de la utilería.

En este espacio escénico, como es sabido, se desarrollan los tres primeros cuadros del primer acto, en el cual se nos van presentando los personajes. Mencionaré el añadido introducido por Veronese del problema de salud de la hija de Levene que no aparece en la obra de Mamet, quizá para dotar de mayor dramatismo o justificar como desesperación la codicia del personaje.

(Levene, a la izquierda, satisfecho)

En el segundo acto, la pared de la izquierda, donde aparecían los tapices y un máquina prediluviana de tabaco, bascula hacia la derecha mostrándonos el espacio de una oficina con un mobiliario de los ochenta, siendo ahora la zona izquierda del espectador un lugar cerrado donde serán interrogados los personajes. Finalmente, el fondo de la escena servirá como entrada de dicha oficina.

El vestuario consta de trajes de chaqueta, sobresaliendo el elegante azul tiburón de Richard Roma. La música apenas tiene presencia, excepto para el cambio de acto con unos mínimos acordes. El juego de luces, como se ha señalado, tiene especial importancia en el primer acto.

(El grupo de actores)

Como casi siempre Veronese tira de la fuerte presencia del actor, para ello cuenta con un elenco excepcional, Carlos Hipólito, -Levene- Ginés García, -Williamson- o Gonzalo de Castro, -Roma- son los pilares fundamentales sobre los que se sustenta la acción teatral pero no hay que dejar de lado la magnifica interpretación del voraz Moss, por Alberto Jiménez, el derrotado Aarronow, -Andrés Herrera-, o el pusilánime James Lingk, Jorge Bosch. Sólo puedo reprochar las inexistentes contrarréplicas a tan furiosos y desproporcionados insultos y vejaciones que en el transcurso de la obra reciben alguno de los personajes. A mi parecer, resulta inverosímil -quizá por el origen de mi sangre caliente- tanta frialdad en las respuestas que rebaja en un punto el máximo de la tensión dramática.

En definitiva, una entretenida puesta en escena, con un texto insulso, desde el punto de vista estético, cargado de improperios, bombardeado con diálogos entrecortados que provocan el equívoco, la confusión, la vis cómica, triunfo de una cultura mediática que se escapa de los devaneos filosóficos y hondos que debe perseguir todo documento que se precie de tener un mínimo valor literario.

(Escena en la oficina)

Dicen que a Juan sin Credo no le extrañó para nada el éxito que estaba teniendo Glengarry, pues era un fiel reflejo de la sociedad actual: personajes con una fe obstinada en el dinero fácil y en el éxito cueste lo que cueste, donde tanto más vales cuanto más tienes. Dicen que de vuelta a casa, esta vez en autobús, vio como la fila de vehículos para entrar al parking del Templo Comercial era kilométrica. Dicen que al pasar por la pastelería, camino del portal, no pudo resistirse al olor y compró un Roscón de Reyes con nata y abundante fruta escarchada.

(Roscón de Reyes)

Bodas de bodrio

Bodas de bodrio

 

Parecía que la Gran Crisis ni mucho menos tenía visos de arreciar. Así sucedía en el terreno meteorológico, donde amplias zonas septentrionales de la Península Ibérica se habían visto abnegadas por el intenso temporal que la azotaba con furia y desolación. Tanto y cuanto ocurría en el terreno moral. -¡Cómo no y de tal modo!-

(Lluvias torrenciales)

Por supuesto en los Templos de la Cultura, patrocinados por las siglas de INAEM y toda su sacrosanta doctrina. Su superior benefactura venía dada por su mística manera de paliar la actual miseria con un caldo que contenía algunas sobras de sopa, mendrugos, verduras y legumbres que ofrecían de ordinario -exceptuando lunes y miércoles- al módico precio de dieciocho euros y unos cuantos trajes de chaqueta, abrigos de visón y tacón alto. Alimento del alma para satisfacer las conciencias famélicas, familiarmente, conocido como bodrio cultural y de recreo inane.

(Españoles esperando el bodrio)

Tendríamos que reconocer entonces que vivíamos inmersos en horizonte de sucesos, futuro o pasado, pudiéndose caracterizar este concepto -relacionado con la relatividad general- como el conjunto de puntos de la clausura topológica del dominio de dependencia de una hipersuperficie lumínica situada en el "infinito" que no pertenecen al pasado o futuro cronológico de dicho dominio.

(Horizonte de sucesos)

Desplanzándonos por aquellos dominios pertenecientes a la década ominosa del aniquilamiento del antiguo Régimen y advenimiento de la Santa Transición -tiempo en el que se empiezan a ubicar los primeros datos verificables en torno a la leyenda del mítico iconoclasta Juan sin Credo- nos lo encontramos bailando una madrugada de diciembre en la Discoteca Cerebro, desaforadamente, al estilo Tres Voltios, el tema de Fiebre de Sábado Noche con el presentador del espacio de éxito televisivo del momento, el aplaudido José Luis Fradejas.

(John tres voltios)

Los aplausos, también, le habían correspondido a él, aquella lluviosa noche de sábado, por su puesta experimental en escena de Bodas de Sangre, cerca de la misma calle Magallanes, en su Pequeño Teatro, que regentaba desde hace más de un lustro, de la mano de la compañía TES, a la que él mismo pertenece.

(Lorca posando)

En ese preciso instante, Lorca lee el periódico, puede que fuera la Voz de Almería, aunque aún quedaba ocho años para su creación, ciudad por cierto que está muy satisfecha con la destitución de ”Hugol” y el nuevo fichaje para el banco del donostierra Lillo.

(Hugol en su especialidad)

Decimos pues, tras este nuevo bache del horizonte de sucesos, que Lorca lee un hecho trágico acaecido en Nijar y el 8 de marzo de 1933 estrena en el teatro Beatriz de Madrid por la Compañía de Josefina Díaz de Artigas y Manuel Collado, bajo la dirección artística de Eduardo Marquina, su tragedia andaluza Bodas de Sangre, aunque se consagrará con un rotundo éxito de público y crítica, dos años y medio después, gracias a la puesta en escena de la obra por parte de Margarita Xirgu en el teatro Principal Palace de Barcelona.

(La bella Xirgu)

José Carlos Plaza balbucea en un subidón de adrenalina (entre otro de los turbulentos torbellinos proyectados poliédricamente en la hipersuperficie de la pista de la Cerebro) -a ritmo de los Bee Gees, lentejuela, purpurinas y luces de neón- que treinta años después, precisamente el 23 de diciembre de 2009, en el Teatro María Guerrero, en una coproducción del CDN y el CAT, montará de nuevo Bodas de Sangre -huyendo de cualquier aparente actualización y volver la vista atrás- para ofrecer, a un módico precio y bastante calentito, un bodrio cultural, aderezado con desorden y deglutido con mal gusto.

(El dramaturgo)

¡¡ Definitivamente no !! No nos habían arreglado bien los desperfectos en una de nuestras naves intertemporales que sufrió el apedreamiento por parte de los secuaces de Pedrito el Faltón. Uno de los secuenciadores fallaba en la administración de sus tareas y penduleaba los bucles del tiempo entre una época y otra. De esta manera, las interferencias de voces y lugares estaban aseguradas. Por lo que parece, ciertas opiniones vertidas hasta ahora cuentan que estas lecturas se recogen en la correspondencia inédita en poder de Lolo di A´ Trives acerca de Postregénito López.

(Torbellino temporal)

Sin embargo, otros de nuestros medidores de frecuencia señalaron que en la explosión de unos ruidosos petardos que festejaban el año nuevo en una localidad periférica de la capital, denominada Bella o Valle del Moro, se formó una policromada verbena textual que resultó ser, según nuestra rigurosas pruebas científicas, otro de los documentos perdidos de nuestro idolatrado Juan sin Credo. No queriendo ceder más espacio al terreno de las hipótesis volcamos su hilarante pensamiento para regocijo de sus únicos y fieles lectores.

(Explosión textual)

Tras haber disfrutado con la puesta en escena de La casa de Bernarda Alba, bajo la dirección de Lluís Pasqual, con la participación estelar de Nuria Espert y Rosa María Sardá, (ver enlace http://postrergenito.blogia.com/2009/100501-alba-en-la-negra-procesion-del-luto-para-bernarda.php) no queríamos dejar pasar la oportunidad de contemplar otra de las grandes tragedias de Lorca, Bodas de Sangre, con la dramaturgia de José Carlos Plaza.

(Las actrices de la Bernarda de Pasqual)

Durante días atrás habíamos soportado el fuerte frente de una intensa ola de frío polar pero en aquel momento sólo una fina lluvia penetraba mansa en nuestros cabellos. Aún así, la temperatura dentro del Teatro María Guerrero era insoportablemente calurosa. Se abre el telón sobre un escenario desnudo donde se simboliza una tierra árida, cainita, de un color gris ceniza o marrón muerte, con unos enormes paneles rectangulares, a la derecha e izquierda del espectador, que se irán moviendo, según guión, estrechando el espacio escénico.

(Exteriores del María Guerrero)

Ya en la segunda escena, empezará a crecer una perplejidad que finalizará con un tremendo desencanto. Chillidos y voces, actuaciones muy forzadas, carreras en escena, -Leonardo, interpretado por Israel Frías persiguiendo a la novia, Noemí Martínez-, canciones de cuna desafinadas, fallidas coreografías en el cortejo nupcial... (...play back de Ana Belén en la canción de una luna reptante - ¡¡ Socorro !! -) En definitiva, una absoluta falta de pasión en la escenas con mayor tensión dramática.

(La tierra árida que separa)

Merece la pena destacar la gran interpretación llevada a cabo por Consuelo Trujillo en el papel de la madre pero poco más. Podría suceder que el universo simbólico planteado por Lorca y plasmado en escena por José Carlos Plaza haya tenido una concepción tan altamente metafórica que al espectador medio se le haya escapado de su nivel de comprensión. Pensamos que el CDN se encuentra en la obligación de ofrecer productos culturales inteligibles que se escapen de los caprichos de los directores consagrados que pretenden utilizar el dinero público para experimentar con los autores clásicos de nuestro patrimonio teatral.

(Un único cuadro)

Dicen que Rivimar Saavedra de las Conesas y Juan sin Credo salieron atónitos del teatro por el bodrio cultural que habían consumido. Mientras que Itxi Estúñiga y Lolo di A'Trives no salieron tan apesadumbrados, quizá por el amor que le tienen al texto de Lorca. Dicen que queriendo sobreponerse de su famélica impresión, deglutieron unas satisfechas tapas que les hicieron olvidar el mal trago pasado pensando en lo importante que es la amistad para desechar cualquier tipo de frustración banal producida por una puesta en escena fallida.

(La madre, el novio, el padre y la novia)