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Juan sin Credo

PRISIONERO EN MAYO

PRISIONERO EN MAYO

Dicen que Juan sin Credo piensa asisitir al estreno de Prisionero en mayo, escrita y dirigida por Juan Manuel Romero para la compañía Vuelta de Tuerca, de jueves a domingo entre el 29 de abril y el 9 de mayo, en el Teatro Lagrada y del 20 al 23 de mayo en la Sala El Montacargas, dentro de la Muestra de Autores Madrileños, aunque ya viera el montaje de la Guindalera en 4 abril del 2009

Dicen que todo aquel ilustrado que se precie de conocer los primeros estadios de la lírica hispánica debe de saberse de memoria los primeros versos del Romance del prisionero, aquellos que comienzan Que por mayo era, por mayo... y que nos hablan sobre la soledad del prisionero cuya única compañía era una avecilla que termina atravesada por la flecha de un ballestero.

(Los actores)

Dicen que es este romance bellísimo de nuestra tradición -donde el tema de la libertad actúa como metáfora central de la composición- el motor de arranque de la dramaturgia poética, repleta de sensibilidad, de nuestro joven, pero avezado, Juan Manuel Romero.

Dicen que después de la elaborada orgía sangrienta, teñida de estética gótica de su último título Bathory y la 613, la Compañía Vuelta de Tuerca cambia radicalmente de registro, aunque sólo sea en las formas, para mostrarnos el pensamiento de Abel, un místico y sentimental recluso, que verá como se transforma su pacífica existencia, hasta llegar a perder la comprensión de su amada, que le visita en alguna ocasión, al tener que convivir con Enric, un afamado y psicótico asesino, encarnación de la figura real de Charles Milles Manson.

(El psicópata)

Dicen que la relación entre los presidiarios se va construyendo desde una grave dificultad inicial hasta una colaboración mutua, a raíz de la escucha magnetofónica de una de las miles correspondencias que recibe Enric. La voz de Eduardo, personaje también bastante trastornado que solicita el apoyo de Enric, cautivará el espíritu solidario de Abel hasta convertirse en esa avecilla que le hace superar el encierro físico que le atormenta.

Dicen que Juan sin Credo piensa encontrarse ante un magnífico texto escénico donde las palabras del autor se convierten en jirones de niebla que salen mutilados por la boca de los actores y el espectador sale preguntándose en qué lugar de su corteza cerebral se ha perdido la pieza del gigantesco rompecabezas ético que plantea Prisionero en mayo.

Teatro Vuelta de Tuerca

(Logotipo de la compañía)

La moza de cántaro

La moza de cántaro

 

Dicen que Juan sin Credo piensa asistir al estreno de La moza de cántaro, escrita por El Fénix de los ingenios, el prolífico Lope de Vega, bajo versión de Rafael Pérez Sierra y dirección de Eduardo Vasco, que será representada en el teatro Pavón de Madrid entre el 9 de abril y el 13 de Junio.

Dicen que el argumento de la obra plantea el conflicto de una dama noble obligada a vengar una afrenta que recibe su anciano padre. Mata en duelo al causante de la deshonra y en su huida se tiene que disfrazar de criada. Siendo aún más preciso, dicha dama, doña María de Guzmán, se transformará en una moza del cántaro, uno de los tipos sociales populares más característicos de la España del XVII.

Dicen que el erudito Menéndez Pelayo clasificó este texto teatral entre las comedias novelescas de enredo. Además, temáticamente, la obra se encuentra en la línea de la tradición de la mujer transgresora con el universo masculino predominante que le rodea, convirtiendo en realidad sus deseos gracias a un denodado tesón y una inquebrantable fe en sí misma. No obstante, el asunto principal de la pieza será el Amor, única fuerza capaz de romper los rígidos convencionalismos sociales existentes en la época.

Dicen que ha escuchado que el montaje va a ser llevado a la escena de la mano de la segunda promoción de la Joven Compañía, proyecto que pretende ser la cantera de intérpretes de la CNTC, y que en su primera estrenó Las bizarrías de Belisa y La noche de San Juan, ambas del mismo Lope. Obras en las que destaca el protagonismo de la joven Eva Rufo, que debutó esta temporada con el “primer equipo” en ¿ De cuándo acá nos vino ?

Dicen que Juan sin Credo desea una fructífera proyección a los veinteañeros Mamen Camacho y Mario Retamar, entre otros actores, en el manejo del verso y el escenario para conseguir el aplauso del público y de la crítica, no sólo en la exigente cancha de Madrid, sino en los escenarios estivales de la Plaza de San Jorge de Cáceres, el Teatro Salón Cervantes de Alcalá, el Teatro Auditorio Municipal de Chinchilla, el Claustro de San Pedro de Olite, la Corrala del Palacio del Caballero de Olmedo y, por supuesto, en el ya clásico Festival de Teatro Clásico de Almagro.

Fíate del Cornudo y verás su Luz

Fíate del Cornudo y verás su Luz

 Inestimable Postrergénito:

Vaya problemática con la autoría que ofrece el Condenado por desconfiado. Varios hispanistas afirman que su pertenencia es de tu pariente el fraile mercedario Gabriel López Téllez, como así se recoge en la Segunda parte de las comedias del maestro Tirso de Molina, impresa en Madrid en el año de 1635.

(Segunda parte de las comedias)

Sin embargo, otros autores a principios de la década de los setenta del pasado siglo, entre los que figuran el profesor Alan Paterson o el padre Manuel Penedo Rey, postularon que la paternidad sobre dicho drama teológico no era de Tirso de Molina, aduciendo argumentos bastante endebles que fueron refutados por la profesora norteamericana Ruth Lee Kennedy.

No obstante, una década después, el profesor Alfredo Rodríguez López-Vázquez volvió a plantear de nuevo este problema con unas pruebas filológicas bastante más sólidas, aunque todavía insuficientes. Otorga, supuestamente, la autoría de la obra al sevillano Andrés de Claramonte.

(Andrés de Claramonte)

Relaciones del contenido -el cese de las disputas teológicas por esos años entre la doctrina de la predestinación y el libre albedrío- o asombrosos paralelos estructurales, además del motivo del pastorcillo, entre El Condenado y El gran rey de los desiertos de San Onofre, del propio Claramonte, son las razones con las que cuenta el profesor Rodríguez, apoyadas también por el estudioso Ciriaco Morón, para atribuir la obra al autor de La Estrella de Sevilla.

En fin, espero que toda esta amalgama de información pueda servirte para evitar la condena que te confiaron...

(Logotipo Universidad de Oklahoma)

 

Cada vez estábamos más seguros de la vinculación de las teclas de Postrergénito López en los textos apócrifos de Juan sin Credo. Aún, nosotros los CIENTÍFICOS FUTURISTAS, no contamos con los datos suficientes pero existe un estudio en ciernes por la Universidad de Oklahoma que demuestra un uso desmedido de la conjunción concesiva puesto que en lugar del aunque -la relacionada con el estilo juansincrediano- en los escritos encontrados en el Monasterio de Santa María de la Valldigna.

Calentábamos motores, por fin recuperado nuestro permiso de circulación de nuestras naves intertemporales, para rastrear alguna nueva e insignificante muestra que nos permitiera descubrir una pista oculta del tal Postrergénito tomando en vano el nombre de nuestro idolatrado Juan sin Credo, cuando recibimos una señal desde la mítica Bodeguita del Medio.

(La famosa Bodeguita del Medio)

En una de sus tantas franquicias repartidas por el ancho mundo, habían descubierto que con el licor de melaza, aquel que se emplea para darle el toque final a la especialidad de la casa, se provocaba un aumento de la gradación etílica con la inmediata y consiguiente borrachera de la clientela al primer mojito que se bebían.

Preocupados por el descenso de las ventas, nos avisaron para salvar el negocio, a cambio de una suculenta y ventajosa reducción en el precio de las consumiciones ingeridas. Nos tomamos una, preparaban la siguiente y con el primer sorbo amargo, mascamos una dentellada con el sabor a azúcar de los mejores momentos de Juan sin Credo.

(La filóloga)

Así fue como apareció otro de los textos del santón ácrata. Esta vez se refería a la asistencia al Condenado por desconfiado, en el Teatro Pavón, por el CNTC, con versión de Yolanda Pallín, bajo la dirección de Carlos Aladro, el 18 de marzo de 2010. Para que no quede ni siquiera una gota de hierbabuena en la copa textual de nuestros archivos digitales exprimimos al máximo el licor de las palabras de Juan sin Credo para gozo y regocijo de sus únicos y fieles lectores.


Antevíspera de primavera, tras un invierno largo, lluvioso, que aún muestra una tenaz resistencia a marcharse y se perpetuará en la memoria como uno de los más ásperos que recuerdo, me acerqué, de nuevo, al Pavón para compartir butaca con los Condeses de Abascal, que, por cierto, huelga decir que es una exquisita, a la par que discreta, compañía.

(El dramaturgo)

Comienza la función Paulo, interpretado por Jaime Soler, muy azul, brillando azul, intensamente azul, con un parlamento de desconfianza ante su salvación, a pesar de llevar diez años retirado en una cueva y portar un hábito impoluto con un precioso rosario de madera. En la segunda escena, su criado Pedrisco, Arturo Querejeta, llega por el pasillo central con una cesta de arpillera, haciendo de gracioso, demasiado gracioso, excesivamente gracioso.

Llegados a este punto me toca rebatir el elevado tono de comicidad impulsado por Yolanda Pallín a la dramaturgia. Dios me libre de pugnar con la erudita acerca de si la obra es un drama teológico o una comedia de bandoleros. Es verdad, y aquí coincido con la acertada opinión del conde de Abascal, que, durante esta temporada, los montajes del CNTC tienen en común una pasada de vuelta en la tuerca del engranaje de la maquinaria cómica, quizás como un guiño de complicidad al gran público.

(Paulo y Pedrisco) 

Continúa la representación con la aparición del Diablo en escena; luz muy roja, roja de condena, eternamente roja. Francisco Rojas es santo de mi devoción, desde que me cautivó por su papel como Melchior en el Auto de los Reyes Magos de la mano de Ana Zamora. Su grave voz de trueno relampaguea por toda la escena, estentórea y duplicada por los efectos de las nuevas tecnologías. Puede ser cierto que marque unas maneras demasiado afectadas y su vestuario con traje de frac no invite al pecado de la soberbia, aún más si le sumamos la cursilada de las alas de Ángel cándido, con las que, primeramente, se aparece ante Paulo, en la secuencia del engaño.

Más valor tiene el diseño de la cabeza de Macho Cabrío, con el que se caracteriza en las últimas escenas, aunque, nuevamente, se debilita y difumina su presencia al tener que combatir contra las bellas angelitas lascivas -Muriel Sánchez y Eva Tarancón, que a su vez desempeñan el papel de Celia y Lidora, respectivamente- que le arrebatan al criminal Enrico, -Daniel Albadalejo en su línea generalizada de galán altivo- de sus sulfurosas pezuñas, rezumadas en un fuerte olor a azufre. 

(El galán)

Pero la peor parte de toda la obra se la lleva el Pastorcillo -Rebeca Hernando- personaje rígido, demasiado atenazado en sus movimientos, brazos en aspas, pasos de plomo. Comprendemos, que Paulo haga caso omiso de las señales divinas que por su boca se le muestran.

Sin embargo, estas minúsculas imperfecciones del montaje no empañan el arriesgado trabajo de hacer inteligible e interesante una de las obras mayores del fraile mercedario que, aparentemente, tratan sobre un tema carente de interés en la actualidad como es el de la predestinación o el libre albedrío.

(Enrico se redime y se salva)

La escenografía simbólica del embarcadero confeccionado con planchas de madera como motivo vertical de ascensionalidad y descenso está muy bien conseguida. Del mismo modo, hay que señalar el acierto de las cortinas que separan espacios para terminar cayendo y convertirse en olas de la Puerta del Mar, al ser agitadas por las actrices principales de la comedia.

También es reseñable la música en directo del instrumento de cuerda. El arpa, a manos de Sara Águeda, acompaña, magníficamente, con su acordes los momentos con mayor tensión dramática del espectáculo. Además, no convendría olvidarse de los pequeños elementos de la utilería, como son los faroles que representan la llama de la vida. Del vestuario a la manera goyesca, opino que es una visión romántica por parte del director muy respetable.

(El arpa de Sara Agüeda)

En definitiva, un positivo rescate de un género, el drama religioso, pujante en el corpus de nuestro teatro áureo, del que se puede destacar de su puesta en escena, sin duda alguna, el diseño de la iluminación, a las órdenes de Pedro Yagüe, y su importancia para caracterizar ambientes, momentos y personajes.

 

Dicen que los Condeses de Abascal y Juan sin Credo salieron satisfechos del Pavón y que hablaron, cercana la Semana Santa, de su penitencia y condena, visto el rebaño y el mal trabajo de algunos mayorales en las tan sufridas majadas. Dicen que los bien pensantes Condeses purgarían sus penas en las Islas Maldivas, vía Malpensa, y que Juan sin Credo con los suyos realizarían sus ejercicios espirituales en el archiconocido Monasterio de Santa María de la Valldigna. Dicen que antes de tal peregrinación a tierras tan sanas bebieron el cáliz del licor alcohólico y olvidaron, en una explosión de granos azúcar, sus veniales pecados guiados por la doctrina del libre albedrío.

(Purgando pecados)

ENTRE ( Os sabe Las Gracias Mohosas de los Campos y Jardines Sabeos) ACTOS

ENTRE ( Os sabe Las Gracias Mohosas de los Campos y Jardines Sabeos) ACTOS

 Querido doctor di´a Trives:

Conoces, sobradamente, mi interés por la doctrina de Juan sin Credo. Investigando alrededor de sus milagros y obras descubrí unos datos que, a lo mejor, pueden servirte de utilidad para el trabajo que estás realizando acerca del teatro barroco.

(El dramaturgo)

Según consta en los archivos digitalizados de los Científicos Futuristas, el dichoso ingobernable asistió a la representación de los Entreactos de la Tragicomedia de los Jardines y Campos Sabeos, perteneciente a Feliciana Enríquez de Guzman.

Puede ser que esta última, naciera en Sevilla a finales del siglo XVI, al menos así lo atestigua una calle de esa ciudad situada en el barrio de Bellavista. Al contrario de sus hermanas Carlota y Magdalena, monjas del convento de Santa Inés, Feliciana no se colgó los hábitos y estuvo casada en dos ocasiones, la primera con don Cristóbal Ponce de Solis y Farfán, y la segunda con don Francisco de León Garavito.

(La familia Poltrón Mohosas)

Circula más como leyenda que como hecho histórico verificable la posibilidad de que Feliciana estudiara en la Universidad de Salamanca disfrazada de hombre, acción que dio lugar a la comedia La Fénix de Salamanca, de Mira de Amescua. También Lope cita en su obra El Laurel de Apolo esta circunstancia de mujer estudiante y fecunda poetisa, otorgándola el nombre, casualmente, de Feliciana.

Sin embargo, si que podemos comprobar la asombrosa erudición mitológica de la que hace gala en su obra esta escritora. Sobre todo en su Tragicomedia, cuyo prólogo tiene escrito el año de 1619, lo que la convierte en la primera comedia fechada de una escritora española...

(Las Gracias...

¡ Diana ! ¡¡Eureka !! ¡¡¡ Recorcholís y archidiantres planetarios !!! La correspondencia inédita entre el doctor di´a Trives y Postrergénito López se nos había revelado como un filón inagotable de referencias al santón nihilista, incluso gozábamos la suerte de contar entre sus principales fuentes de consulta.

Paseando por los parques de la ciudad, a la espera inminente de la reposición de nuestra licencia para pilotar nuestra nave intertemporal, nosotros los CIENTIFICOS FUTURISTAS, aspirábamos embriagados el inminente perfume de la primavera, cuando al inhalar, profundamente, una flor de nata del almendro...

mohosas)

...Aparecimos en los Jardines Sabeos, junto al malamado Clarisel, príncipe de Esparta y Micenas, que nos pidió consejo para romper su relación con la posesiva Belidiana, princesa de Arabia, hija del rey Belerante de Saba. Tras varios años viviendo juntos, no quería continuar durante más tiempo con ese desatino de broncas y palabras malsonantes. Nosotros le dijimos que la única manera posible para poderle ayudar era que oliese la flor que nos había transportado a su tiempo remoto.

Casi arrebatándonos la flor de nuestra manos, se aplastó hasta los estambres contra su fosas nasales, desprendiéndose un fuerte aroma que nos transportó, de nuevo, en una nube de dulces esencias hasta nuestro posible presente.

(Una delicia de suegro)

Una vez aquí, como una imagen detenida, quedamos en la misma posición:

-¿Inhalando una flor?-

-¿Qué flor más rara?-

(La primogénita repleta de primor)

Más bien diríamos que era un papel, o algo similar, con unos extraños caracteres arábigos. Llamamos a nuestro traductor especialista en dicha lengua, Cide Hamete Benengeli, que, a cambio de una pasta de almendras con nata, nos solucionó el problema alumbrando otro de los documentos extraviados de Juan sin Credo.

En esta ocasión se daba cuenta de una reflexión sobre la asistencia al espectáculo Las Gracias Mohosas, de Feliciana Enríquez de Guzmán, por la compañía El Teatro del Velador, dirigida por Juan Dolores Caballero, el día 14 de marzo de 2010, en el Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes. A continuación lanzamos, pétalo a pétalo, su hilarante doctrina para regocijo de sus únicos y fieles lectores.

(Las tres Gracias)

 

Hacía ahora una década que no pisaba el teatro del Círculo, en aquella ocasión representaron Galileo, de la mano de L´Om Imprebís, que actualmente trabaja con el Calígula, en el Fernando Fernán Gómez. Mientras, dos años antes, el Centro Andaluz de Teatro estrenaba en Madrid, en el teatro Lara, una obra que diez años después, ya dentro del repertorio de la compañía El Teatro del Velador, se suscribía al cartel del XXXI Festival de Almagro, para, dos años más tarde, formar parte del programa de la XV Edición de la Muestra de Teatro de las Autonomías.

El escenario a telón abierto mostraba, una custodia en el centro, flanqueada por tres sillas a derecha e izquierda, más tres al fondo, sobre un octógono de madera. La obra comienza con una procesión de cabezudos, máscaras y velos al ritmo del Corpus.

(Los tullidos)

Despojados de sus máscaras aparecen los tullidos. El ciego denturrón Pancaya, Juan José Macías, reparte salivazos a diestro y siniestro en suspiros de amor por su horrorosa Aglaya, la mayor de las Mohosas, papel interpretado por Eva Rubio, junto al cojituerto Sabá -Álex Peña-.

A medida en la que se van incorporando monstruos a esta particular parada se incrementa el estupor en el espectador. Pues a los ya citados, aún se tienen que añadir el corcovado Nisa, -Benito Cordero- el contrahecho Anga, -Juan Luis Corrientes- más los otros dos pretendientes, igualmente tullidos, los monjes Orfeo -Abel Mora- y Anfión -Mostapha Bahja-, además de las otras dos hermanas mohosas, Talia -Mari Paz Sayago- y Eufrosina -Rocío Borrallo-, y el padre de niñas, Baco Poltrón -Luis Ruiz-Medina-

(Los harapientos)

Podemos señalar de esta sencilla familia la destacada elaboración de un vestuario multicolor, gracias a la mano de May Canto, al estilo de las meninas de Veláquez pero con un exagerado aire a mesa camilla.

Por lo tanto, tal desfile de desechos despiertan el sentimiento de lo asqueroso que producirá, en un primer momento, un fuerte rechazo, añadido a la complejidad de un texto con numerosas citas mitológicas que hacen muy difícil su comprensión para el espectador medio.

(La bella Talia)

Sin embargo, con el entreacto segundo se alcanza el clímax escénico de la dramaturgia. Las competición para conseguir en matrimonio a cada una de las hijas animan el regocijo de los espectadores que terminará convirtiéndose en un torrente de sonoras carcajadas. La improvisación por tanguillos, tangos y bulerías durante la justa poética, las zafias zarabandas y los zapateados y bastonazos alimentan la simpatía hacia estos monstruos que anteriormente nos producían repugnancia y repulsión.

La obra finaliza en un procaz cuadro de equipo -elemento que es trabajado con elevada eficacia durante ciertas partes de la representación- composición escénica mediante la cual se intenta cubrir el amplio espacio desnudo del proscenio.

(Último cuadro)

En definitiva, una delirante muestra de los residuos excrementicios de la pujante sociedad sevillana del Siglo de Oro que nos reflejan las inmundicias del ser humano, tratadas con un grotesco sentido del humor que hace olvidarnos de nuestro lado más oscuro.

Dicen que Juan sin Credo pensaba que cómo era posible que una mujer de la nobleza sevillana fuera la precursora del esperpento tres siglos antes de su creación. Dicen que Juan sin Credo se planteó la hipótesis de que dicha transgresión social y moral viniera dada por la supervivencia de su gloria literaria en un mundo predominantemente masculino. Dicen que a la altura del Ministerio de Sanidad se encontró con un grupo de disminuidos psíquicos que iban en grupo y que su destino le causó un profundo pesar, aunque ya se hubieran suprimido las barracas de feria.

(Procesión grotesca)

... Y CAYÓ LA TORMENTA.

... Y CAYÓ LA TORMENTA.

 

Mi almibarado en la amistad pero acíbar de las liliáceas en la disputa:

Te encontré bastante mejor del último resfriado que pescaste al naufragar con aquella barcaza en el estanque del Retiro. De todas maneras, a quién se le ocurre, precisamente ese día de tormenta, lanzarse a remar en la búsqueda infructuosa del conocimiento dramático que inspira el movimiento de la zozobra tras varias copas de whisky.

(Lluvia en la ciudad)

En fin, mi capitán Postrergénito, he encontrado numerosos datos acerca de aquella condesa psicópata sobre la que me pediste información hace varias semanas. Simplemente tecleé su nombre en Google y me aparecieron más de un millón y medio de enlaces.

Parece ser que la tal Ersébet Báthory mataba su tiempo matando doncellas y el resto de sus ratos libres quiso emplearlos dedicándose al aprendizaje del baile flamenco y olé. Arte en el que empezaban a despuntar un grupo racial de origen indio, que se había asentado dentro de los territorios húngaros por donde se esparcían las posesiones de esta rama de la nobleza magyar...

(Lluvia en la ciudad)

 

Irredenta, conspiradora, maldita. Así era toda la correspondencia inédita que lentamente íbamos desgranando, nosotros los CIENTÍFICOS FUTURISTAS, entre el doctor di´a Trives y Postrergéntio López. Todo azufre, todo ricino, por los cuatros costados apestaban a idolatras, iconoclastas y ácratas. De ahí nuestra insistencia en indagar, en recabar nuevas señales que construyeran el camino hacia las catacumbas del olvido, lugar en el cual habita el pensamiento del ingobernable Juan sin Credo.

Por aquel entonces, nosotros nos manteníamos cabizbajos a la espera de poder volver a pilotar nuestras naves intertemporales. Abierto el canal de ultrafrecuencia en la Central de Avisos recibimos un mensaje de la Casa de Vacas. Con motivo de una retrospectiva sobre la Conquista del Espacio habían ubicado en la Sala de Exposiciones un medidor de alta frecuencia. Debido a la fuerte tormenta que cayó durante varios días se produjeron una serie de interferencias entre ambos radiotransmisores. Su elevada potencia sumativa, en torno a los 5.000 Gigafaradios, provocó en todos nuestros paneles de información un desajuste que dejó parpadeante la luz de alarma.

(Lluvia en la ciudad)

Calados hasta los huesos nos personamos allí y los responsables nos advirtieron temerosos de los alaridos que se escucharon durante los viernes, sábados y domingos del mes de marzo de 2010 a partir de las 19:30 en el pequeño teatro adjunto a la sala. -¡Voces de ultratumba!- castañeaban con el aterido esmalte de sus dientes. No tardamos en dar con un medium que pasaba la tarde echando las cartas en el Paseo de Carruajes, cerca de la estatua del Ángel caído, para que nos resolviera el enigma de esas lamentaciones.

Ya empezábamos a sospechar sobre la autoría de esos extraños aullidos y después de varios conjuros se plasmó la evidencia. Un acertado sortilegio dio fin a la espectral cantinela de la pesadumbre, convirtiéndose en otro de los brillantes documentos que permanecían desaparecidos de nuestro endemoniado Juan sin Credo. En esta ocasión su texto se refería a la asistencia de la puesta en escena de la obra de Juan Manuel Romero, Báthory y la 613, el 5 de marzo del 2010 en el teatro de la Casa de Vacas. No queriendo que el espíritu de su doctrina se desvanezca tras cualquier exorcismo de alguna otra ortodoxia religiosa mostramos, a continuación, su hilarante credo para goce y regocijo de sus únicos y fieles lectores.

(Lluvia en la ciudad)

Vaya tormenta que estuvo cayendo durante toda la jornada. Los arroyuelos se formaban en cualquier bocacalle haciendo impracticable el tráfico y caminar por la ciudad, sin terminar empapado hasta los huesos, se había convertido en una proeza de difícil alcance. Los charcos en el Retiro eran pantanos y la sensación de humedad se apoderaba de todas nuestras articulaciones.

En la Casa de Vacas, reposición de Báthory, la segunda vez de la temporada en el mismo recinto. Tras semejante chaparrón sólo diez espectadores. El reestreno, entonces, se transformó en un gran ensayo general.

(La Condesa y la 613)

Varias son las facetas que han mejorado en el conjunto de la obra, desde mí primera lectura allá por los inicios del 2008 en la Sala Ítaca, entre ellas la confección de un nuevo y sugerente vestuario para la Condesa, trabajo realizado de la mano de Ana Bernal. Las gasas y transparencias elevan en un grado la capacidad de femme fatal de la actriz Begoña Blanco, que hacen suspirar en un quejido los oscuros deseos del público masculino.

Del mismo modo, tengo que señalar el positivo crecimiento experimentado por Patricia Quero, la 613, que otorga un equilibrio a la obra que otrora no lo tenía. La primera parte de la representación es suya, manejando con una hábil dialéctica los argumentos que nos posicionan contra Ersébet Báthory. Mientras tanto, afuera seguía lloviendo y el golpe de las gotas se multiplicaba con un ritmo lento y agonizante sobra la uralita, ahogando la voces de súplica de las actrices.

(La 613)

Para finalizar he de reseñar que también me sorprendió el nuevo final de la obra, en el cual la víctima termina suplantando la personalidad del verdugo, haciendo aún más honda la reflexión sobre la culpa de la acusada. En definitiva una extraordinario pugilato dialógico entre las actrices que imprimen una acertada interpretación del hermoso texto literario de Juan Manuel Romero, repleto de retazos líricos, en dónde aún me cuestiono la validez de los elementos esotéricos que emplea la 613 para devolver la vida a la Condesa.

 

Dicen que Juan Manuel Romero les dijo a Loló di´a Trives y Juan sin Credo que les esperaran para tomar algo juntos. Entonces salieron al exterior del recinto y contemplaron maravillados la espesa cortina de lluvia, tamizada con la luz mortecina de las numerosas farolas del Retiro. Dicen que fue Moisés el que les condujo con su vehículo a la tierra prometida del Café del Arte. Dicen que allí establecieron la necesidad de la existencia de un teatro alternativo a la Cultura Oficial de Gerardo Vera, José Luis Plaza y demás Grandes Funcionarios que proponen un producto comercial de fácil consumo. Dicen que después de varias cervezas y algún que otro whisky se despidieron hasta la próxima, pensando Juan sin Credo que en la siguiente ocasión sería conveniente pagar a escote las consumiciones. Así evitarían el sablazo que los vampiros malmaridados de la figurinista acostumbran a infringir a los ingenuos críticos de pluma doliente.

¿A quién disparan los cañones?

¿A quién disparan los cañones?

Mi despierto y vivo doctor di´a Trives:

En la actualidad no ha sido posible recabar ningún otro dato sobre ese tal Brecht del que me pediste información. Se ha convertido en un nombre más para el que la nube espesa de la Historia ha desatado la tormenta del olvido. Recuerda que los escasos retazos de su biografía y obra nos los proporcionó el erudito de ascendencia germánica Otto von Pitten.

 

(Otto von Pitten en su juventud)

 

Precisamente, estuve intentando comunicarme con él el otro día, pero me dijo su secretaria que estaba asistiendo a una conferencia sobre el famoso escritor alemán Hans Jacob Cristoph von Grimmenlshausen, autor de la reconocida novela Landstörzerin Courasche.

Siento no haberte podido ser útil en esta ocasión. Has de conformarte en saber que ese Brecht al menos escribió una tragedia llamada Madre Coraje y sus hijos estrenada en los albores del III Reich, el cual iba a perdurar tan sólo un milenio...

 


(Expansión del III Reich -color azul-)

 

De esta manera, minuciosa, rastreábamos la correspondencia inédita del doctor con Postrergénito López para poder descubrir, nosotros los CIENTÍFICOS FUTURISTAS, alguna nueva pista que se nos presentase sobre el devenir de nuestro idolatrado Juan sin Credo.

Además, por este motivo, fue como conocimos al mítico autodidacta aristacrático Otto von Pitten. Con nuestra nave intertemporal aparcada a la puerta de la Central, divertíamos nuestro aburrimiento lanzando mensajes al vacío. Nuestra sorpresa fue mayúscula al recibir una contestación a nuestras llamadas desde la compañía Berliner Ensemble, residente en el teatro Schiffbauerdamm -sede de las conferencias sobre la figura del inolvidable Hans von Grimmenlshausen-

 

(El teatro a principios del siglo XX)

 

Von Pitten también tenía conectado, en ese momento, un medidor de alta frecuencia, que lo estaba utilizando al coincidir con el descanso de una de las ponencias titulada Simplicius Simplicissimus, relato realista sobre la Guerra de los Treinta años. Nos comunicó que, por supuesto, conocía a Juan sin Credo y leía con delectación los escritos dispersos de su obra e, incluso, conservaba alguno en su poder, que tal vez adquirió en esta librería de viejo o en aquella feria de segunda mano o quién sabe si se lo había dado el propio autor allá por las postrimerías del siglo XVI en la Alcana de Toledo.

Igualmente, nos felicitó por nuestra gigantesca labor de recuperar toda la doctrina de Juan sin Credo, hasta el punto de obsequiarnos con uno de los documentos pertenecientes a sus índices y teclado. Este valioso texto contenía la fecha del 24 de febrero del 2010 y trataba sobre la dramaturgia de Madre Coraje y sus hijos, con una versión de Buero Vallejo y dirigida por Gerardo Vera en el teatro Valle-Inclán. No queriendo que ni un cañonazo más os tapone los ojos o nos ciegue los oídos, arrojamos las hilarantes palabras del santón nihilista a sus únicos y fieles lectores.

 

 (Apunten: ¡¡ FUEGO !!)

 

Siempre renegaré de las veladas teatrales en martes o miércoles, rompe decididamente mi adocenada rutina y me cuesta luego un triunfo llegar con fuerza al final de la semana. Aunque existen ocasiones para la excepción. La primera de ellas, por no decir la única, es el precio reducido de las butacas con motivo del día del espectador. Pagar casi veinte euros por localidad me parece un lujo excesivo para los tiempos que corren. Otra de las excepciones era volver a reencontrarnos en la sala, dos meses después del fiasco del Bodas en el María Guerrero, con Itxi Estúñiga y Lolo di´a Trives

Entrando al patio fuimos recibidos con una proyección de imágenes y sonidos bélicos. Con posterioridad apareció un número de revista interpretado por Carmen Conesa, rodeada de varios soldados, que cantó, con un tono grave de borrasca, una composición de origen napolitano, escrita a finales del siglo XIX por Aniello Califano y Enrico Canniola, titulada O surdato ´nnammurato.

(Chica de ayer tarde)

Elementos de extrañamiento tan característicos del teatro de Brecht, tantas veces comentados por Buero -como en la nota para el programa de su versión de la obra, editada por Escelicer en 1967- que dejan perplejo al espectador ante el inicio de la acción dramática.

Al fin está dará comienzo con la salida a escena del carromato tirado por la familia Fierling al completo. Este artilugio será la pieza más representativa del decorado en toda la función. Escasas son las escenas en las que no estará presente -como por ejemplo en la de la cantina- porque es el icono de la subsistencia de Madre Coraje. También son importantes, en el global de la escenografía, las columnas con focos que se mueven de izquierda a derecha, o viceversa, según la secuencia dramática y que soportan la llamada quinta pared.

(La familia Fierling)

Para mi gusto, hay un uso excesivo de este elemento visual. Opino que el espectador cuando acude al teatro quiere ver el gesto del actor o la actriz en vivo, nuevo con cada sesión. De esta manera, me parece que la imagen de profundo dolor de la Madre Coraje en pantalla al tener que sufrir en silencio la muerte de Caraqueso es muy significativa pero no deja de ser artificial. Con esto no quiero decir que el trabajo de Álvaro de Luna no sea de calidad, me parece un acierto esas proyecciones de la familia entre las trincheras, sin embargo resta credibilidad al conjunto de las interpretaciones del grupo actoral.

En cuanto al vestuario se puede decir que está bien elaborado. A los soldados se les ha querido dotar de una presencia eterna. Así los elementos que conforman su uniforme mezclan distintas etapas históricas. El morrión, casco de forma cónica con una cresta afilada y alas laterales levantadas, fue muy usado en el siglo XVI y XVII, contexto histórico en el que se sitúa la acción de la obra, aunque también aparecerán otras prendas de los militares del siglo XX. Mientras la ropa de la familia Fielding es oscura y hosca, la de un largo invierno bélico. Más agraciada en el color y en el corte serán los vestidos que lleva Yvette. El predicador, en cambio, tiene una vestimenta bastante anodina con ese sombrero de hongo o el guardapolvos granate.

(Casco Morrión)

Asimismo se pueden señalar como elementos reseñables dentro del atrezzo las ajadas banderas de un bando, (protestantes), o del otro, (católico) que tiene Madre Coraje en el carromato y que las ondeará según el nivel de conquista de cada uno de los ejércitos. De la misma manera para la caracterización de los soldados se empleará un diferente maquillaje en el rostro -cara blanca los protestantes, una cruz negra los católicos-

Continuando con el grupo de actores, confirmo que existe un predominio de la presencia femenina. Son las actrices las que cargan con el peso fuerte de la representación. Gracias a ellas la obra se mantiene. Primeramente con la protagonista, Mercé Aranega, que participa en un alto porcentaje de las escenas pero también he de destacar el excelente papel de Catalina, la hija muda, desempeñado por Malena Alterio.

 

(Madre Coraje y Catalina)

Con respecto a esta actriz, es digna de señalar, casi al final de la obra, la secuencia de su fusilamiento por querer avisar a la ciudad sitiada de la inminente invasión católica, donde la capacidad de expresión mediante sus gestos y sonidos guturales transmiten al espectador un alto sentimiento de conmiseración. Dentro de este triunvirato femenino también se encuentra Yvette, Carmen Conesa, que como señalé con anterioridad, abre la función con un número musical muy efectista.

Sin embargo, los actores están a remolque de las tres mujeres. Tanto los hijos, Fernando Soto en el papel de Eilif (el hijo mayor) y Críspulo Cabezas (en el de Caradequeso) como el predicador (José Pedro Carrió), o el cocinero (Gonzalo Cunill) se diluyen en la gruesa materia de una presencia secundaria para un movimiento escénico coral de soldados, sargentos, reclutadores, labradores o campesinos.

(El Autor)

En resumidas cuentas, una tolerable puesta en escena de una de las obras fundamentales de Brecht por el Gran Funcionario del CDN, con un elevado despliegue de medios técnicos, escénicos y económicos, que convierten a este tipo de teatro en una imposición de la Oficialidad Cultural, predominante frente a los rudimentos ancestrales del drama de otras compañías y otras apuestas que no cuentan con el beneplácito político de turno.

 

Dicen que Rivimar Saavedra de las Conesas y Juan sin Credo se tuvieron que marchar deprisa sin la necesaria puesta en común, después de cada función, en aras del cuidado de su bella cría. Dicen que de camino de vuelta Juan sin Credo pensó que siempre existirán los parásitos que se benefician de las desgracias de los demás, como Madre Coraje, sobre todo -tratándose de los tiempos de paz en los que él vivió- de aquellos ingratos que reciben subvenciones millonarias para mantener un monopolio cultural mientras se habla de alargar la vida laboral de los trabajadores o de congelar el sueldo de tantos funcionarios mileuristas.

(El Gran Funcionario)

 

Báthory contra la 613

Báthory contra la 613

Dicen que Juan sin Credo piensa asistir a la reposición de Bathory contra la 613,  representada por la Compañía de Teatro Vuelta de Tuerca y dirigida por el propio autor del texto, Juan Manuel Romero Gárriz, en la Casa de Vacas del Retiro, de viernes a domingo a las 19:30, durante todo el mes de marzo. Dicen que el argumento de la obra trata sobre el juicio a la que es sometida la condesa de origen húngaro, Ersevet Bathory, por los asesinatos perpetrados durante finales del siglo XVI, amparándose en el injusto privilegio del que gozaba su clase social.

Dicen que tiene toda la confianza en que tanto Begoña Blanco, -en su papel de Condesa- como Patricia Quero -representando entre otras a la 613- nos harán disfrutar de los placeres de la interpretación dramática sumergiéndonos en un baño de sangre colectivo que nos hace replantearnos la visión ética sobre el sentimiento de culpabilidad ante las atrocidades cometidas por un psicópata.

Dicen que Juan sin Credo desea el mayor éxito posible a esta retocada puesta en escena -donde se han cuidado algunos precisos detalles como, por ejemplo, el del vestuario- tanto o más como el que tuvo la primera vez que la contempló, ya en el lejano enero del 2008, en la extinta Sala Ítaca, de la que aún se conserva un primitivo documento que les mostramos a continuación.

(Cartel del Teatro)

Ante un panorama actual tan heterogéneo en el terreno de la dramaturgia española, donde prima el experimento estéril, vacío de contenido artístico, la obra de Juan Manuel Romero se postula como un soplo de aire fresco dentro del teatro de texto. Báthory contra la 613, obra que se puede encuadrar dentro del género gótico, es un prodigio de conflicto y tensión dramática

 

La figura de la condesa de Báthory se nos presenta con unas características bien definidas, tanto macabras como grotescas o lascivas. Esta representante de la nobleza es un personaje histórico-legendario sobre el que pesa la acusación de haber asesinado, mediante los más variopintos martirios, a 612 víctimas. 

 

(Bathory descansando)

 

A modo de estructura judicial, donde la parte acusadora es la doncella 613, se nos irá desgranando la vida y personalidad de la Sádica que nos hace plantear, a la luz de nuestra contemporaneidad, el alcance real de su culpa.

 

Dos son las actrices que sustentan el peso de la obra; actrices poliédricas que desarrollarán diferentes papeles a medida que el juicio a la Condesa Báthory va incorporando la llamada de diferentes testigos. El papel principal de Ersevet Báthory, interpretado por Begoña Blanco, está desempeñado de una manera soberbia. Tal actriz nos seduce con su puesta en escena, gracias una fuerza arrolladora de sensualidad y presencia dramática. Por otro lado, el papel de la 613, Patricia Quero, sirve de magnífico contrapunto para apoyar la majestuosidad demoníaca que transmite Begoña.

(Patricia Quero)

 

No quería finalizar sin hacer una somera mención al decorado, siniestro, acorde con dicho género gótico -velas, elementos de tortura, ganchos que cuelgan del techo y que sirven como perchas del vestuario-. Del mismo modo, se puede resaltar el empleo de las nuevas tecnologías, en forma de diapositivas, que nos muestran el alcance actual de la leyenda de la condesa Báthory.

 

Es, definitivamente, una interesante puesta en escena que rescata el teatro de texto, tan denostado por nuestra dramaturgia actual, y que se siente como un rayo de esperanza ante tanta extravagancia de vanguardia.

(humano o demonio)

El caparazólogo que lo caparazologué buen caparazologueador será.

El caparazólogo que lo caparazologué buen caparazologueador será.

 

Entre los destrozos causados en la nave intertemporal por la banda de Pedrito el Faltón y la retirada del carné de conducir por un mes, leve sanción impuesta por la Benemérita, nosotros LOS CIENTÍFICOS FUTURISTAS, no ganábamos para disgustos.

Paseábamos nuestro malestar por los alrededores de los Templos del Consumo, situados en las afueras de la Metrópoli, cuando de una patada rompimos un escurridor que se le había caído a algún despistado cliente. Nos sorprendió el líquido viscoso que manaba de su interior. Rojo mate fluía creando un gran charco donde se reflejaba, en un parpadeo incesante, la figura de nuestro inadaptado Juan sin Credo.

(De una patada rompo el escurridor)

Raudos nos encaminamos hacia nuestra Central de Alarmas para recoger la última tecnología en dispositivos de frecuencia que autentificaran la sombra de esa onduleante visión. Tal imagen significaba la asistencia al espectáculo infantil, dentro de la decimocuarta edición de Teatralia, Me duele el caparazón, dirigido por Jordi Palet Puig, el día 13 de febrero a las 18:00 en el Centro Cultural Pilar Miró. No dejando que se escurra ni una verdura más ponemos a hervir el documento de nuestro hilarante Juan sin Credo para deleite y regocijo de sus únicos y fieles lectores.


Varias son las emociones que se pueden recibir a lo largo de una jornada de descanso. Por la mañana había asistido al velatorio del padre de un amigo mío de la adolescencia. Sin embargo, para la tarde teníamos preparada una festiva jornada de Teatro familiar; además, mi florida manceba, Rivimar Saavedra de las Conesas, había quedado con una compañera suya del trabajo, auxiliar de conversación, de cuyo nombre recuerdo que era Katthy y su lugar de nacimiento, Oklahoma, acompañada de la mano de su tierna infanta, que se llamaba Luzi e hizo muy buenas migas con nuestro unigénito Francis La Ico.

(...empiece ya o el público se va...)

La sala del Centro Cultural Pilar Miro, anexa a la Biblioteca Luis Martín-Santos, es bastante moderna y a la par acogedora, conceptos que en muchas ocasiones suelen estar reñidos. La afluencia de público fue masiva, no quedó ni una butaca vacía. En general, hubo un buen comportamiento por parte de todos, tanto  de los adultos, -que las más de las veces son los peores- como de los niños. Parece ser que el pago de la entrada exige a cambio un mínimo de respeto a los profesionales. Al final, por culpa de algunos maleducados, conseguirán que nos terminen cobrando por asistir a los cuentacuentos.

De fondo, sonaba la música de Luis Miguel, muy acorde con el cercano día de los enamorados. A telón abierto se mostraba un gran semicírculo de pálidos colores. Las dos actrices, Ada Cusidó y Mariona Anglada, entraron a escena con unas enormes cajas huecas de contrachapado. Elementos que tendrán una función muy versátil en el desarrollo de la obra con la consecución de diferentes decorados, adosándose bien entre ellas mismas o bien junto a ese gran semicírculo.

(Las actrices)

Por otro lado, el vestuario, realizado por Fina Capdevila, estaba demasiado influenciado por la línea de la marca Desigual. Personalmente, me prendí por la viveza que puede tener el menaje del hogar, con un magnífico alarde de imaginación y una buena disposición manual en su uso artístico.

Escurridores, perolas de cocina, cazos de la sopa, lámparas o unas manoletinas se convierten en tortugas, cangrejos o mejillones. La trama es bastante sencilla pero con los tres pilares básicos de toda narración bien fundamentados -a saber con su planteamiento, nudo y desenlace-. Nada de experimento vanguardista que pone a los niños de los nervios y obligan a sus padres a tener que abandonar a toda prisa el patio de butacas.

(Juan y su madre)

En definitiva, una buena sesión de teatro infantil la ofrecida por la compañía catalana Farrés Brothers i cia, con un claro mensaje y un merecido final, donde el gran semicírculo de colores pálidos terminó por convertirse en una tortuga mayor, que corrigió a tiempo su enfermo caparazón al haber sido valiente visitando al caparazólogo.

Dicen que Juan sin Credo y los suyos llegaron a casa. Luzi y Francis se pusieron a jugar, Katthy y Rivimar a conversar en una lengua que él no entendía. Dicen que Juan sin Credo se puso a escribir pensando en una lengua universal que todos pudieran comprender. Dicen que llegó a la conclusión de que esa lengua no era posible y que el único lenguaje universal -donde casi todo se puede entender- es el del Teatro.

(Cartel Teatralia 2010)