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Juan sin Credo

ENTRE ( Os sabe Las Gracias Mohosas de los Campos y Jardines Sabeos) ACTOS

ENTRE ( Os sabe Las Gracias Mohosas de los Campos y Jardines Sabeos) ACTOS

 Querido doctor di´a Trives:

Conoces, sobradamente, mi interés por la doctrina de Juan sin Credo. Investigando alrededor de sus milagros y obras descubrí unos datos que, a lo mejor, pueden servirte de utilidad para el trabajo que estás realizando acerca del teatro barroco.

(El dramaturgo)

Según consta en los archivos digitalizados de los Científicos Futuristas, el dichoso ingobernable asistió a la representación de los Entreactos de la Tragicomedia de los Jardines y Campos Sabeos, perteneciente a Feliciana Enríquez de Guzman.

Puede ser que esta última, naciera en Sevilla a finales del siglo XVI, al menos así lo atestigua una calle de esa ciudad situada en el barrio de Bellavista. Al contrario de sus hermanas Carlota y Magdalena, monjas del convento de Santa Inés, Feliciana no se colgó los hábitos y estuvo casada en dos ocasiones, la primera con don Cristóbal Ponce de Solis y Farfán, y la segunda con don Francisco de León Garavito.

(La familia Poltrón Mohosas)

Circula más como leyenda que como hecho histórico verificable la posibilidad de que Feliciana estudiara en la Universidad de Salamanca disfrazada de hombre, acción que dio lugar a la comedia La Fénix de Salamanca, de Mira de Amescua. También Lope cita en su obra El Laurel de Apolo esta circunstancia de mujer estudiante y fecunda poetisa, otorgándola el nombre, casualmente, de Feliciana.

Sin embargo, si que podemos comprobar la asombrosa erudición mitológica de la que hace gala en su obra esta escritora. Sobre todo en su Tragicomedia, cuyo prólogo tiene escrito el año de 1619, lo que la convierte en la primera comedia fechada de una escritora española...

(Las Gracias...

¡ Diana ! ¡¡Eureka !! ¡¡¡ Recorcholís y archidiantres planetarios !!! La correspondencia inédita entre el doctor di´a Trives y Postrergénito López se nos había revelado como un filón inagotable de referencias al santón nihilista, incluso gozábamos la suerte de contar entre sus principales fuentes de consulta.

Paseando por los parques de la ciudad, a la espera inminente de la reposición de nuestra licencia para pilotar nuestra nave intertemporal, nosotros los CIENTIFICOS FUTURISTAS, aspirábamos embriagados el inminente perfume de la primavera, cuando al inhalar, profundamente, una flor de nata del almendro...

mohosas)

...Aparecimos en los Jardines Sabeos, junto al malamado Clarisel, príncipe de Esparta y Micenas, que nos pidió consejo para romper su relación con la posesiva Belidiana, princesa de Arabia, hija del rey Belerante de Saba. Tras varios años viviendo juntos, no quería continuar durante más tiempo con ese desatino de broncas y palabras malsonantes. Nosotros le dijimos que la única manera posible para poderle ayudar era que oliese la flor que nos había transportado a su tiempo remoto.

Casi arrebatándonos la flor de nuestra manos, se aplastó hasta los estambres contra su fosas nasales, desprendiéndose un fuerte aroma que nos transportó, de nuevo, en una nube de dulces esencias hasta nuestro posible presente.

(Una delicia de suegro)

Una vez aquí, como una imagen detenida, quedamos en la misma posición:

-¿Inhalando una flor?-

-¿Qué flor más rara?-

(La primogénita repleta de primor)

Más bien diríamos que era un papel, o algo similar, con unos extraños caracteres arábigos. Llamamos a nuestro traductor especialista en dicha lengua, Cide Hamete Benengeli, que, a cambio de una pasta de almendras con nata, nos solucionó el problema alumbrando otro de los documentos extraviados de Juan sin Credo.

En esta ocasión se daba cuenta de una reflexión sobre la asistencia al espectáculo Las Gracias Mohosas, de Feliciana Enríquez de Guzmán, por la compañía El Teatro del Velador, dirigida por Juan Dolores Caballero, el día 14 de marzo de 2010, en el Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes. A continuación lanzamos, pétalo a pétalo, su hilarante doctrina para regocijo de sus únicos y fieles lectores.

(Las tres Gracias)

 

Hacía ahora una década que no pisaba el teatro del Círculo, en aquella ocasión representaron Galileo, de la mano de L´Om Imprebís, que actualmente trabaja con el Calígula, en el Fernando Fernán Gómez. Mientras, dos años antes, el Centro Andaluz de Teatro estrenaba en Madrid, en el teatro Lara, una obra que diez años después, ya dentro del repertorio de la compañía El Teatro del Velador, se suscribía al cartel del XXXI Festival de Almagro, para, dos años más tarde, formar parte del programa de la XV Edición de la Muestra de Teatro de las Autonomías.

El escenario a telón abierto mostraba, una custodia en el centro, flanqueada por tres sillas a derecha e izquierda, más tres al fondo, sobre un octógono de madera. La obra comienza con una procesión de cabezudos, máscaras y velos al ritmo del Corpus.

(Los tullidos)

Despojados de sus máscaras aparecen los tullidos. El ciego denturrón Pancaya, Juan José Macías, reparte salivazos a diestro y siniestro en suspiros de amor por su horrorosa Aglaya, la mayor de las Mohosas, papel interpretado por Eva Rubio, junto al cojituerto Sabá -Álex Peña-.

A medida en la que se van incorporando monstruos a esta particular parada se incrementa el estupor en el espectador. Pues a los ya citados, aún se tienen que añadir el corcovado Nisa, -Benito Cordero- el contrahecho Anga, -Juan Luis Corrientes- más los otros dos pretendientes, igualmente tullidos, los monjes Orfeo -Abel Mora- y Anfión -Mostapha Bahja-, además de las otras dos hermanas mohosas, Talia -Mari Paz Sayago- y Eufrosina -Rocío Borrallo-, y el padre de niñas, Baco Poltrón -Luis Ruiz-Medina-

(Los harapientos)

Podemos señalar de esta sencilla familia la destacada elaboración de un vestuario multicolor, gracias a la mano de May Canto, al estilo de las meninas de Veláquez pero con un exagerado aire a mesa camilla.

Por lo tanto, tal desfile de desechos despiertan el sentimiento de lo asqueroso que producirá, en un primer momento, un fuerte rechazo, añadido a la complejidad de un texto con numerosas citas mitológicas que hacen muy difícil su comprensión para el espectador medio.

(La bella Talia)

Sin embargo, con el entreacto segundo se alcanza el clímax escénico de la dramaturgia. Las competición para conseguir en matrimonio a cada una de las hijas animan el regocijo de los espectadores que terminará convirtiéndose en un torrente de sonoras carcajadas. La improvisación por tanguillos, tangos y bulerías durante la justa poética, las zafias zarabandas y los zapateados y bastonazos alimentan la simpatía hacia estos monstruos que anteriormente nos producían repugnancia y repulsión.

La obra finaliza en un procaz cuadro de equipo -elemento que es trabajado con elevada eficacia durante ciertas partes de la representación- composición escénica mediante la cual se intenta cubrir el amplio espacio desnudo del proscenio.

(Último cuadro)

En definitiva, una delirante muestra de los residuos excrementicios de la pujante sociedad sevillana del Siglo de Oro que nos reflejan las inmundicias del ser humano, tratadas con un grotesco sentido del humor que hace olvidarnos de nuestro lado más oscuro.

Dicen que Juan sin Credo pensaba que cómo era posible que una mujer de la nobleza sevillana fuera la precursora del esperpento tres siglos antes de su creación. Dicen que Juan sin Credo se planteó la hipótesis de que dicha transgresión social y moral viniera dada por la supervivencia de su gloria literaria en un mundo predominantemente masculino. Dicen que a la altura del Ministerio de Sanidad se encontró con un grupo de disminuidos psíquicos que iban en grupo y que su destino le causó un profundo pesar, aunque ya se hubieran suprimido las barracas de feria.

(Procesión grotesca)

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