Blogia

Juan sin Credo

León de ojos verdes

León de ojos verdes

 

La resaña con seña

 

Se oye comentar a la gente del lugar que Juan sin Credo ha leído la última novela de Manuel Vicent, León de ojos verdes, publicada por Alfaguara en noviembre de 2008; novelita corta previa a su obra de semblanzas sobre múltiples autores pertenecientes al canón occidental contemporáneo Póquer de Ases.

Parece ser que el narrador está en primera persona, Manuel y puede que sea un trasunto del propio autor. El tiempo externo o contexto histórico se sitúa en 1953, -aunque el tiempo psicológico de algunos de los personajes lo retrocedan hasta la Guerra Civil- y el interno o tiempo de la narración transcurre durante el mes de agosto. El espacio se centra en el hotel Voramar; situado en las villas de Benicasim, pero al igual que con el tiempo el espacio se dilata según el desarrollo narrativo de la fábula de cada uno de los personajes. El protagonista es Manuel, un adolescente que aspira a ser escritor y que tiene que acompañar a su tío Benjamín aquejado de ciertas dolencias del conducto urinario. Alrededor de él pululan toda una serie de secundarios, entre los que destacan el doctor Luys Aymerich, el coronel Morata, la parapléjica enamorada Lydia, la aún adolesdente Brigitte Bardot o la cocinera derrotada María.

Dicen que para Juan sin Credo tal artefacto narrativo le ha resultado un trabajo que hinca su raíces en la sentimentalidad ejercida por el desarrollo de la memoría que va hilvanando fragmentos de los recuerdos con bellas historias de emociones inventadas por la sensibilidad del autor.

(El autor)

Pasen y vean el maravilloso mundo del Circo...

Pasen y vean el maravilloso mundo del Circo...

Señorres y señorras ante ustedes va a comensar el texto crítico más fascinante del mundo. Un atrevido don Nadie, apellidado sin Credo bien os hará reír, bien os hará llorar, pero siempre, siempre intentará haseros de asero y que vuestras lágrimas surjan en un destello próximo a donde nasen los pensamientos con fundamento...

(Logotipo Titirimundi)

Mal se había levantado el día, monótono de nubes oscuras, para contemplar la diaspora de titiriteros concentrados en Segovia durante su XXIV Festival Internacional de hilos, muñecos e ilusiones para niños y mayores. Advertidos por la experiencia del año anterior, al quedarnos a las puertas de varios espectáculos, preferimos ser cautos y sacar la entrada por internet. Aún así, nos hubiera gustado asistir, en el Museo Esteban Vicente, al espectáculo Sapito, de la mano de los Italianos Gioco Vita.

De este modo, con nuestro billete cautivo en el bolsillo, nos acercamos Rivimar Saavedra de las Conesas, el Principe de los Ángeles, Francisco I y aquí el que la tecla oprime sin freno, Juan sin Credo, deambulando entre las legendarias piedras del Acueducto hasta el Patio de la Casa del Sello, actual Cámara de Comercio, donde, según pudimos escuchar de boca de los esforzados voluntarios del Titirimundi, tras el séptimo año consecutivo volvía a colgar el cartel de No hay entradas, el único, el genuino y auténtico domador de las Pucas Savantes.

(Momento previo al espectáculo)

Pertrechado con una casaca roja al uso, unas botas altas de caña negras, un patalón ajustado y un enorme y desgastado látigo, este veterano ilusionista nos mostró su hercúlea labor de domeñar a tan indómitas y minúsculas fieras con el nombre de Mimí, Sasá y Lulú.

La primera, extraída del pelo de un tigre de Bengala, nos hizo una demostración de fuerza, sólo al alcance de ciertos privilegiados. Sasá, criada en las montañas sin oxígeno del Perú, nos heló la sangre con su vertíginoso número de trapecista, pero con quien se nos paró el corazón fue con la intrépida Lulú que, despreciando su vida, saltó por el interior de un pequeño anillo de fuego, levantando la admiración del nutrido público que contemplaba embobado el espectáculo debajo de la emocionante carpa.

(Momento de máxima tensión)

El delirante final se desarrolló en el exterior del recinto, cuando el domador incendió la mecha de un cohete que, con las tres pulgas en su interior, estalló a varios metros de altura, y, asombrosamente, cayeron sobre una red que él portaba.

Aplausos unánimes brotaron en una cascada de amiración de los maravillados niños e incrédulos mayores que disfrutaron con la espontaneidad, el acercamiento y el ingenio de este excelente actor que en tan sólo veinte minutos supo sacar múltiples carcajadas e inocentes sonrisas a todos los asistentes a su mágico Circo de las pulgas.

 

(Momento de máxima intensidad)

Dicen que Juan sin Credo y los suyos salieron muy satisfechos de la actuación, recordando entre ellos cuál había sido la parte que más les había gustado. Dicen que llegando a la Plaza del Azoguejo sonaba la melodía del Tío-vivo Le Manegue Magique, que exhibe una exhuberante belleza plástica y visual con sus elementos juliovernianos. Dicen que no se pudieron resistir a que El Principe de los Ángeles, Francisco I se montara en una de sus piezas y disfrutaran boquiabiertos de las pequeñas muestras de fantasía que a veces hacen tan felices a niños y a mayores.

(El Tío-vivo de la fantasía)

Oscura monótona sangre

Oscura monótona sangre

La resaña con seña

Se oye comentar a la gente del lugar que Juan sin Credo ha leído la última novela de Sergio Olguín, Oscura monótona sangre, premiada con el V Premio Tusquets 2010 de Narrativa.

Parece ser que el narrador está en tercera persona, el tiempo externo se desarrolla durante la actualidad y el interno no pasa de algunas semanas. El espacio está ubicado en la ciudad de Buenos Aires y entre los personajes destaca el principal, Julio Andrada, sobre el que gira toda la trama de esta novela breve.

Dicen que para Juan sin Credo, tal artefacto narrativo no pasará a la posteridad. En todo caso, sugiere que se puede resaltar su entretenido argumento en donde el protagonista es un hombre hecho a sí mismo que en la cumbre de su madurez comete una serie de actos inmorales para dar sentido a su vida anodina.

ProtAgonizo

ProtAgonizo

Dicen que Juan sin Credo piensa asistir a la puesta en escena de ProtAgonizo, escrita, dirigida y representada por la poliédrica actriz Ester Bellver, que será llevada a las tablas de la Sala Triángulo, todos los domingos, desde el próximo 23 de mayo hasta 27 de junio.

 

(ProtAgonizo)

Dicen que la obra plantea el conflicto, cuadro por cuadro, de múltiples episodios, reales o ficticios, de la vida de la actriz, en la que cada uno de nosotros nos podemos reconocer como el único y solitario protagonista.

(ProtAgonizo)

Dicen que se van desgranando, paulatinamente, retazos de su infancia, proyectos inacabados de su adolescencia, fracasos de juventud... hasta recalar en la mediocridad -ya permanente- llegada su etapa de madurez. Insatisfacción constante que se sucede durante toda su trayectoria existencial, marcada con el ácido barniz de la ironía que hace brotar una desgarrada sonrisa, muy necesaria para la supervivencia del individuo en estos tiempos inciertos de abusos constantes y decidida usurpación de los derechos adquiridos de la ciudadanía desde los poderes orgánicos.

(ProtAgonizo)

Dicen que Juan sin Credo le desea únicamente el éxito cosechado tras tres meses largos de permanencia en el cartel de la Sala Montacargas para que se puedan romper, de una vez por todas, las barreras impuestas por la hipocresía del convencionalismo moral que impera en la oración : "Sentimos rechazar tu propuesta por no encajar en nuestra línea".

(ProtAgonizo)

La paciente penitencia del público

La paciente penitencia del público

Últimamente he intentado leer los relatos pertenecientes al libro Caras B de la música de las esferas del flamante ganador del Premio Anagrama de Ensayo 2010, Eloy Fernández Porta, gracias a su reflexión sobre el amor y el capitalismo con el nombre de Eros. La superproducción de los afectos.

Tales artefactos narrativos, publicados por la editorial Debate en el 2001, gozan de un mecanismo inextricable que, honestamente, me ha sido imposible desentrañar. El primero de ellos, titulado Making off, creo que trata sobre las conversaciones entre un director de cine con los actores, manteniendo una serie de relaciones transversales, entre la realidad y la ficción, que no conducen a ninguna parte. El narrador es ultraobjetivo, frío, distante. A modo de cámara fílmica se suceden las secuencias narrativas sin ser capaces de transmitir ninguna emoción, ningún sentimiento. En definitiva, un indigesto e insoportable relato para mi caprichoso y decadente gusto.

(El nocillero inenarrable)

De la misma manera, también me ocurrió con la filmografía del director portugués Pedro Costa. Su película, tan laureada por la crítica de la revista Cahiers du Cinéma, Juventude em Marcha, me pareció insufrible con esas escenas tan lentas que adolecen de un mínimo sentido cinético, sin apenas diálogo y el poco que hay, para colmo, es en un idioma distinto al castellano.

Sin embargo este desasosiego o ansiedad que anida en el alma cuando existe una presencia de rechazo hacia un agente extraño no me sucede con la obra dramática del reflexivo Juan Manuel Romero. Bien es verdad que su teatro necesita, al igual que los dos autores citados con anterioridad, de un público comprometido, un público que participe y se implique con los retazos existencialistas que les abruma desde los atormentados labios de esos personajes creados por el dramaturgo.

(El dramaturgo existencial)

Porque si el teatro de Juan Manuel tiene una sólida arquitectura es debido a la búsqueda incesante del Santo Grial que contiene las sagradas palabras. No encontraremos elaboradas coreografías ni rápidas transiciones o equívocos que conducen a situaciones disparatadas pero si el anhelo de una prensión de una ínfima vaharada que contenga al menos una minúscula parcela de la Verdad. El teatro de Juan Manuel es un teatro donde predomina el texto, esculpido y embellecido, muy cercano al simbolismo propuesto por el género lírico, intentando transformar la prosaica realidad que nos atrapa sin remedio encaminándonos hacia los sucios sumideros de la mediocridad.

Podemos entonces encontrar muchos defectos y carencias en el estreno de su Prisionero en mayo en la Sala Lagrada el 29 de abril del 2010. Sobre todo una descompensación en el trabajo de los actores, en donde uno de ellos absorbe y minimiza el de los demás que pone en serio peligro el resultado escénico. Pequeñas anomalías propias del ajuste que con el rodaje, estoy plenamente seguro, quedaran resueltas.

(El equipo de Prisionero)

A pesar de estas mínimas imperfecciones recomiendo la asistencia al espectáculo -que desde el jueves hasta el domingo que viene (20-23 de mayo) estará en la Sala Montarcagas- a todos aquellos que necesiten escuchar el aliento de un latido en rabiosa lucha por la creación de una conciencia humana, alejada del espíritu gregario y desindividualizado que actualmente nos gobierna, para que recuperemos durante las dos horas de representación la frescura de nuestra dignidad maltrecha.

Dicen que Lolo D´ia Trives y Juan sin Credo salieron con criterios dispares poniendo en tela de juicio los gustos y deseos del público. Dicen que Lolo D´ia Trives encumbró el juego escénico barroco del gran Calderón. Dicen que Juan sin Credo iba a tomar la palabra cuando una horda de cláxones y petardos, provenientes del otro Calderón, con bufandas multicolores celebraban, gregarias, su éxito del pase a una final europea. Dicen que pensó que lo que al público mayoritariamente le gusta son los enfrentamientos épicos de nuestra bélica deportiva moderna y que les dejen de zarandajas sobre las disputas entre la lírica y la dramática textual.

(Pan y Circo oe, oe, oe)

La amistad germina de la mano

La amistad germina de la mano

Después de la gran tormenta caída, con fuerte aparato eléctrico, como consecuencia de la borrasca que atravesó la capital denominada Bathory contra la 613, volvimos de nuevo a la Casa de Vacas para asistir, el domingo 18 de abril, al espectáculo teatral titulado Mundolobo y Hojalata, por la compañía Ítaca, juntos en familia Rivimar Saavedra de las Conesas y el Príncipe de los Ángeles, Francisco I.

La obra que seleccionamos obedecía a unos clarísimos criterios epistemológicos basados, fundamentalmente, en el conocimiento empírico de la realidad escénica y no es que conociéramos la obra, que no la conocíamos, pero sí habíamos tenido la fortuna de presenciar el año pasado -durante el IX Festival de las Artes Escénicas de Alcalá de Henares- el buen trabajo actoral de María José Sarrate y Giovanni Holguín representando El licenciado Vidriera.

(Cartel del Licenciado Vidriera)

En esta ocasión, se sumergen en la piel de unos personajes con un enorme calado sentimental que atrapan la candidez e inocencia de todo el público infantil mediante una sencilla historia que resalta los valores del respeto y la aceptación de aquél que es diferente.

Mundolobo no tiene nada que ver con el resto de los animales de su especie porque carece de ferocidad. Pirula, una trapera que vive en la periferia de una gran urbe cualquiera, a la que llaman Hojalata, adquiere el compromiso de, en el periodo de un disco lunar, enseñarle esa cualidad, a cambio de un buen montón de monedas. Al término del plazo no consigue los objetivos previstos, aunque si logrará granjearse una fiel amistad con Mundolobo.

(Mundolobo y Hojalata)

Historia sencilla dirigida, aproximadamente, a niños menores de diez años que sonrieron con las palabras, los gestos y los bailes de estos camaleónicos actores, dotados con un vestuario cercano al de los payasos, sobre todo el de Giovanni, con esos pantalones anchos de cuadros anranjados, mientras que María José, portaba un mono azul al estilo de los integrantes del teatro del pueblo.

Finalmente, subrayo el excelente trabajo artesanal realizado por Pepe Ortega con espacio escénico de la casa de madera de Hojalata que, tristemente, sólo al final de la representación aparece desplegada, causando la admiración no sólo de los niños sino también de los adultos que allí estábamos disfrutando de la dramaturgia.

(Apariencia final de la casa)

Dicen que al final de la función los niños se acercaron hasta el escenario para recoger una semilla que regalaron al público Mundolobo y Hojalata. Dicen que Juan sin Credo pensó que esta semilla significaba el germen de una amistad con unos actores que habían sido capaz de transmitir unos sentimientos de admiración por el teatro tanto al hijo como al padre.

(Logotipo de la Compañía)

Los golpes de la vida

Los golpes de la vida

 Infinito en la amistad y en la polémica distante:

Cuánto te encarezco de corazón la asistencia a Urtain.

Recuerda que fue Itxi Estuñiga la causante del descubrimiento cuando, por sorpresa, compró dos entradas para el Teatro Tomás y Valiente de Fuenlabrada, dentro del circuito de la Red de Teatros de la Comunidad de Madrid de la temporada 2008-2009.

Más tarde, con su reposición en el Valle-Inclán al año siguiente, repetimos la visión del montaje el día previo a mi natalicio con mis amados progenitores y así aprovechamos para darles la buena nueva...

(Teatro Tomás y Valiente)

De Postrergénito a D´ia Trives, como de Isabel a Fernando y vuelta de nuevo a empezar. Reliquias de la postmodernidad, palabras huecas nunca escuchadas que atrapan la existencia angustiosa del héroe; nuestro santón nihilista Juan sin Credo.

Por aquel entonces, nosotros los CIENTÍFICOS FUTURISTAS, nos encontrábamos inmersos en una vorágine de fatiga sin descanso. Papeles absurdos, burocracia huera, insatisfacción generalizada. ¡¡¡ Astenia de primavera !!!. Afortunadamente, sucedió que recibimos una llamada desde la oficina para la Recuperación de la Memoria de las Víctimas del Franquismo -con el permiso pertinente de la Falange Española- porque habían encontrado un guante de boxeo, perteneciente a un muñeco roto de la dictadura, que alojaba en su interior un extraño documento fechado a 18 de abril de 2010.

(Guante de boxeo)

Nos daba en la nariz que detrás de este misterio se encontraba la figura del idolatrado Juan sin Credo pero no queriendo recibir un derechazo directo al mentón que nos dejara KO, enviamos a nuestro especialista en púgiles marginados por el olvido, entre los que figuran Young Sánchez o Policarpio Díaz "El Potro de Vallekas", para resolver un enigma que acabará, ya de por todas, con el último combate.

Así fue. A un lado del ring Juan sin Credo, un crítico radical de la cultura, alineado con la corriente de pensamiento de la escuela nihilista-cartesiana. Un don nadie, un cualquiera, un denostado por su talante de libre pensador que le excluye de todos los círculos del pensamiento único. Al otro lado, ufano por sus nominaciones en los Premios Max, el Peso Pesado de Urtain; un texto de Juan Cavestany bajo dirección de Andrés Lima, en una coproducción del Centro Dramático Nacional y Animalario.

(Trofeo de los premios Max)

Al sonar el dong de la campana comienza la lucha textual para dirimir si el documento de Juan sin Credo es del gusto de sus únicos y fieles lectores. Sólo puede quedar un vencedor aunque nuestro idolatrado siempre ha crecido rodeado de derrotas.

¡¡DONG!!

Tanto nos había hablado Lolo d´ia Trives acerca de la puesta en escena de Urtain que cuando la repusieron en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán me encaminé hasta allí con la suerte de encontrarme con una prorrogación del espectáculo durante dos semanas más. Las entradas se habían volatilizado pero gracias a ese tiempo extra en cartelera pudimos obtener dos magníficas localidades centrales para el último día de la función.

(Comienza el combate)

Cuanto menos es curioso la asistencia al teatro en horario vespertino, una hora después de la mítica taurina, además se daba la coyuntura de que estaban próximos los premios Max y siendo el último día de función reinaba en el ambiente un denso perfume de famoseo. De este modo pudimos ver a mucha gente guapa entre los que destacaban Guillermo Toledo, la última galardona con el Goya a la mejor actriz Lola Dueñas y un sinfín más de caras conocidas en el mundillo del artisteo.

El espacio escénico es un cuadrilátero de boxeo que tiene en tres de sus lados las butacas del público, dejando uno libre como pasillo para las transiciones de los actores. Se apagan las luces y comienza la función con la voz de Freddy Mercury y Monserrat Caballé cantando el himno de las Olimpiadas de Barcelona, gran hito de la España contemporánea. A partir de este momento comienza el viaje en una cuenta atrás desde la muerte por suicidio de Urtain, ocurrida pocos días antes del inicio de los Juegos, hasta la muerte de su padre, ocurrida unos cuarenta años antes también en circunstancias brutales.

(El Aita pierde la apuesta)

Cada round, pues es esa la manera de representar el computo temporal, es un fragmento de vida de ese personaje infeliz en manos de unos cuantos desalmados enriquecidos a su costa, convirtiéndole en un mono de feria y en el hazmerreír de toda una generación educada en una fórmula caduca que era incapaz de subirse al tren de la modernidad y que adoraba a ídolos de barro como el propio Urtain, Joselito, Marisol, etc.

Plasmado el contenido psicológico de la obra pasaré a señalar los aspectos técnicos y escenográficos. En la primera escena aparece un juego de arneses que elevan al actor principal para mostrar la caída libre que acabó con la vida de Urtaín. Poco más con el atrezo, algunas sillas que determinan la redacción del periódico o los bancos de los contrincantes en las esquinas del ring.

(Los claro-oscuros)

Sin embargo las luces, el vestuario y la música cobran una inusitada relevancia para que la representación aparezca dotada con un ritmo trepidante, sin apenas tregua ni descanso para el espectador. Si empiezo con la luminotecnia del espectáculo habré de señalar la predominancia del claro oscuro y el aporte de la luz cenital producida por el cañón que persigue al Presentador y que consigue unos efectos distorsionados cuando se proyecta sobre la bola giratoria de lentejuelas en una de las secuencias cercanas al final.

El vestuario conjuga la elegancia del traje con corte clásico de los periodistas o el abrigo del secretario franquista con la sencillez del bonete de los paisanos del Aita. Las mujeres también aparecen con unos vestidos que resaltan su sensualidad, entre los que destaca el atrevido conjunto de cuero del desafortunado papel de la Biquini.

(La algarabía trémula)

Si se habla de la música se tiene que citar a sus representantes más admirados del momento, Rocío Jurado, y, por encima de todo, Raphael. Es memorable el número donde el actor Luis Bermejo, dentro de un cuadro escénico con un aire surrealista, arranca las carcajadas del público con una imitación grotesca que sugiere ofrecernos un estado hiperbólicamente etílico del personaje que representa.

En cuanto a los actores me detengo en la desbordante pasión y entrega de Roberto Álamo en el papel principal. Para mí han quedado impresos en la retina sus ademanes, su dicción, sus golpes contra la lona. Si alguna vez tengo que recordar la figura de Urtain será la encarnada por Roberto Álamo aquella que me venga a la memoria. Roberto ha sido capaz de crear un icono sobre la figura de un ser humano; un icono que conmueve, que nos hace sentir una inmensa pena y lastima por su zarandeado y trágico destino.

(Roberto Álamo, alias Urtain)

Por lo que toca al resto del elenco apunto la realización de un gran trabajo actoral en conjunto, como en las coreografías de revista, en las modulaciones radiofónicas de las retransmisiones o en la tertulia de humo de los parroquianos del bar en el Barrio del Pilar o del caserío familiar próximo a Donosti. Podía haber sobrado la humillación sexual que recibe la primera mujer de Urtain a manos de él mismo bastante degradante, así como un excesivo protagonismo en los diferentes lances del Presentador, papel realizado por Víctor Masán, o en la ya referida hiperactuación de Luis Bermejo imitando a Raphael.

En fin, una satisfactoria velada dramaturgilística -es también impresionante el número en el que a Urtain se le infrige su dolorosa derrota mediante los golpes recibidos desde una esponja mojada- de la mano de Andrés Lima con muchos ingredientes combinados que la convierten en un auténtico espectáculo que transgrede los límites convencionales del arte teatral.

(Urtain pierde)

Dicen que Juan sin Credo, después de una endogámica ovación de más de quince minutos bajó, despeñándose por los peldaños, hacia al ambigú del teatro para conseguir el texto de Juan Cavestany. Dicen que le dijeron que estaba agotado como de la misma manera se lo comunicaron en una conversación telefónica que mantuvo al día siguiente con una responsable de la librería Yorick de Bilbao, especializada en el campo teatral (atenta mujer que, por cierto, también había disfrutado con el espectáculo total de Urtain allá en el norte). Dicen que Juan sin Credo aún recelaba de algunos momentos de la obra, sobre todo de aquellos impregnados con aires de revista, pero, su apuesta Rivimar Saavedra de las Conesas le convenció al argumentarle que esos cuadros escénicos estaban contextualizados perfectamente reflejando esa etapa gris del tardofranquismo, donde predominaba un ambiente cultural subdesarrollado que fagocitaba a sus propias y fragiles criaturas.

(El bailecito)

Y parece que al tercer día resucitó...

Y parece que al tercer día resucitó...

 Mi impertérrito doctor di´a Trives:

Sabiendo el afecto que sientes hacia la ciudad de Segovia -bañada por las aguas del sencillo Eresma, en cuyas riberas descansan las cenizas de tu amado abuelo- no quería dejar pasar la ocasión de comentarte que según Garci Ruiz de Castro El Santo Cruçifixo de Sathiuste es un cruçifixo que le truxo una yegua blanca quebrados los hojos. En su seguimiento venían unos gascones de tierra de Gascuña...

(Vista de la ciudad del Acuaducto)

Así es como empieza otra de las epistolas perteneciente a la correspondencia inédita entre Postrergénito López y el doctor di´a Trives, dos de los discípulos más radicales que han cumplido, a rajatabla, los mandamientos de la doctrina de nuestro idolatrado Juan sin Credo.

Mientras, nosotros, los CIENTIFICOS FUTURISTAS, pasabamos, plácidamente, unos días de descanso cuando se encendió la señal de alarma de nuestros potentes medidores de frecuencia. Hace unos dos mil diez años, en el monte de las Calaveras, más conocido por el Gólgota, había desaparecido un cuerpo de un crucificado que respondía al nombre de Cristo. Once siglos después reaparece uno llamado de los Gascones en la repoblación de Segovía, durante los tiempos de Alfonso VIII, pero su primera referencia documental no está fechada hasta el 12 de abril de 1628.

 

(La segoviana apellidada Zamora)

Tienen que pasar trescientos setenta y nueve años para que una segoviana vuelva a representar el Misterio del Cristo de los Gascones y tres años después aparecerá el documento, que a continuación vamos a plasmar para regocijo de sus únicos y fieles lectores, datado a 4 de abril de 2010, de nuestro santón nihilista, Juan sin Credo, sobre la puesta en escena de dicha obra por la compañía Nao d´amores, bajo dramaturgia de Ana Zamora y dirección musical de Alicia Lázaro, en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares.

Domingo de Resurrección. La calle mayor de Alcalá está engalanada con banderitas nacionales pendientes de sus balcones. Los paseantes lucen sus mejores prendas con primoroso planchado y el perfume de la primavera se funde en la solapas de los más castizos que abarrotan las primeras terrazas de las temporada.

(Cristo yacente)

Asimismo se encuentra la sala del Corral de Comedias, tanto que me tienen que habilitar un silla cerca del pasillo lateral al haberse vendido más aforo del volcado en la red. En esta posición, que mejora la inicial, comienza el espectáculo.

Con estruendosos sonidos de carraca se abre paso por el pasillo lateral hacia un escenario limpio de decorado -exceptuando las sillas de las músicas junto a los antiguos instrumentos de cuerda y viento- una procesión de uniformados de negra sotana con el Cristo de los Gascones en andas.

(El Cristo)

A modo de vía crucis, se irá desarrollando la acción dramática con ese acento lejano de la lengua castellana de nuestros más remotos antepasados mediante la superposición de diversos textos de varios autores fundacionales -entre los que se pueden destacar a Gómez Manrique, Diego de San Pedro o Fray Íñigo de Mendoza-.

Desde el punto de vista técnico es reseñable el dinámico juego de luces que enriquece las transiciones entre cada paso, con unos marcados tonos azules opalinos, verde palido y amarillo mortecino. Por otro lado, el acompañamiento musical alcanza cotas de estremecimiento desde las cálidas caricias sonoras infundidas por la vihuela, el cromomo, la espineta o la viola de gamba de la mano, o de los labios, según así sea, de Alicia Lázaro, Eva Jornet, Isabel Zamora y Sofía Alegre.

(Azul del renacer)

Mientras de los actores se puede decir que manejan con maestría las estructuras versales de la lengua romance pre-renacentista. Sobre Elvira Cuadripani recae el mayor peso actoral representando a la madre de Cristo. David Faraco, en el papel de Pedro -es admirable el sonido imitando al canto del gallo-, Alejandro Sigüenza, en el de Juan y Natí Vera -tan bién caracterizada estando en cinta-, en el de María Magdalena, son también los artífices de dar vida al personaje principal de esta protolitúrgica obra.

Porque no debe caer en el olvido que toda esta puesta en escena gira alrededor de la talla de madera articulada que encarna la figura de Cristo. Un muñeco que cobra vida en manos de sus titiriteros mostrándose socarrón, campechano y, sobre todo, de una saltona, profunda e inquietante mirada inocente. A favor de esta elaborada vivificación resalta la experimentada formación de David Faraco que completó sus estudios en el Laboratorio de Investigación sobre el Teatro de Sombras que la Compañía Giocco Vita dirige en Piacenza.

(Cristo en movimiento)

Para finalizar marcó mi comentario con otros símbolos que acompañan a la representación, como son los cirios que se encienden y apagan -con la correspondiente esencia a fósforo de la cerilla- el desprendimiento de la sotana para dejar a la vista otra uniformada camisa roja y el apoteósis del Cristo elevándose en un ejercicio pseudocircense de los actores con una muestra de milagroso equilibrio.

En definitiva una conmovedora dramaturgia la de Ana Zamora y su compañía Nao d´Amores que la clasifican, dentro del panorama nacional, como la principal rescatadora del teatro inaugural de la cepa hispana. Una reliquia religiosa engarzada en la tradición de todos aquellos que nos educamos con los últimos coletazos de nacional-catolicismo y que hace reflexionar sobre cuanto hubiera cambiado la posición actual de nuestra fe si hubiera sido aprendida con tanta sensibilidad nacida bajo el auspicio de una inmejorable calidad artistica.

(Cristo con Elvira)

Dicen que Juan sin Credo coincidió en la salida con un grupo de alzacuellos ortodoxos que no tenían su misma visión prístina de la puesta en escena puesto que tenían el semblante ceñudo e irascible. Dicen que Juan sin Credo pensó que toda la simbología ritual que envuelve a la representación estaba perfectamente en consonancia con el calendario religioso de la doctrina católica. Dicen que Juan sin Credo cree que es, precisamente, con el momento de la Pascua en donde radica el éxito emotivo del montaje.


...E dixole ca auia rressuçitado

e trocosse en aveçilla

e sentose alla destra del Padre Ominpotent...