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Juan sin Credo

El teorema de Almodóvar

El teorema de Almodóvar

La resaña con seña

Se oye comentar a la gente del lugar que Juan sin Credo ha leído la primera novela de Antoni Casas Ros, finalista del Premio Goncourt a la Primera Novela y Premio al Mejor Libro Novel del Año 2008 de la Librería Sintagma, El teorema de Almodóvar, publicado en la Biblioteca Formentor, perteneciente al sello Seix Barral, dependiente de la División Editorial del Grupo Planeta.

Parece que el narrador está en una primorosa primera persona que teje una frágil y difusa red entre la línea autobiográfica y las parcelas más fértiles de la fantasía.

Parece que el tiempo externo o contexto histórico se sitúa en la más ardiente actualidad, aunque no exista ningún dato preciso, sí se citan constantemente las nuevas tecnologías, empleadas, en este caso, por el narrador para impartir clases de matemáticas en línea.

Parece que el tiempo interno o tiempo de la narración tiene un alcance de, apenas, unos meses, desde que Antoni conoce a Almodóvar en Barcelona y empieza a gestarse el guión de su propia película. Sin embargo el tiempo psicológico retrocede la acción hasta el fatídico accidente de Perpiñan, la muerte de su padre o el intento de conquista de la niña bien Caroline.

Parece que el espacio central donde se desarrolla la narración se ubica en Génova y los apartamentos del narrador y el de Lisa, al igual que en sus parques y sus calles menos transitadas pero también aparecen como espacios secundarios el hospital, la casa de sus padres, la ciudad de Barcelona...

El protagonista es indiscutiblemente Antoni Casas Ros, que nos va desgranando sus vivencias, tras ese punto de inflexión marcado por el accidente de tráfico que le borró el rostro. Personajes secundarios son Lisa la transexual, que le devuelve la capacidad de sentir amor al protagonista, la madre de Antoni, Almodóvar, el Ciervo, Caroline y Sandra, novia de Antoni fallecida en el accidente.

Dicen que a Juan sin Credo esta novelita le ha resultado conmovedora por esa voz narrativa que reflexiona con un estilo pleno de lirismo y que culmina en el asidero aportado por la literatura para vencer situaciones límite en las que el ser humano se ve, a veces, sin esperanza.

(El símbolo de un rostro)

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