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Juan sin Credo
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Escenas con cena y combinados

 

Siguiendo presente nuestro afán por desenterrar el pensamiento nihilista del ignorado fabulador Juan sin Credo, no perdemos ocasión de rebuscar, recomponer y relanzar su memoria escrita desperdigada en múltiples carpatacios, tablillas de arcilla y modernos lápices digitales de almacenaje. Esta vez nuestra tarea de investigación nos llevó a descubrir una ligera reflexión sobre la obra El encuentro de Descartes con Pascal Joven de Jean-Claude Brisville, traducido por Mauro Armiño, en una versión y dirección de Josep-María Flotats, el día 13 de febrero de 2009 en el Teatro Español. Antes de volcar su discreta doctrina, nos gustaría señalar la fuerte predilección que Juan sin Credo mostró siempre por ese monstruo de la razón, padre del cartesianismo, llamado Descartes. Sin dilatar ni una letra más por nuestra parte, procedemos a continuación a ceder el espacio a las palabras de nuestro idolatrado Juan.

Corren tiempos de crisis, tiempos huracanados, fríos, sin fe; el fuerte viento del paro recorre Europa y azota a los más simples, a todos aquellos desprovistos de moderación que se creyeron ricos cuando hubo bonanza. Bajo esta persistente tempestad me acerqué a las taquillas del Español, consideré oportuno escatimar en las localidades ante tantos mensajes apocalípticos y no hacerme partícipe de tanta cultura del derroche, culpable, en gran medida, de esta crisis que nos toca.

A la semana siguiente ahí estábamos, expectantes, no quería perder la oportunidad de ver en escena una interpretación sobre Descartes, aquel filósofo de cartón-piedra que aparecía en los manuales del antiguo COU, como uno de los principales pensadores de la modernidad. En la entrada me llevé una grata sorpresa al encontrarme a otro de mis maestros, éste de carne y hueso; hacía tiempo que no recibía noticias del profesor Juan Antonio, le vi convaleciente de una enfermedad vírica común y le prometí una visita a su Departamento para reflexionar sobre lo humano y lo divino.

Peldaño tras peldaño, no acomodamos en los palcos del tercer piso, muy coquetos y recogiditos pero que son un martirio para el cuello que termina maltrecho por el latigazo cervical. Afortunadamente desde nuestra posición sólo podíamos ver con facilidad la figura de Descartes, mientras que la de Pascal la veíamos de espalda, sin poder percibir apenas sus rasgos escénicos.

Poco puedo a añadir a las palabras que ya están escritas en otros lugares, para lectores que estén más interesados en la puesta en escena de Flotats les recomiendo la página http://flotats.blogspot.com/2009/02/diario-el-pais-babelia-21-febrero-2009.html.

Allí podrán encontrar todo tipo de detalles. Con lo que no se encontrarán es con las conversaciones que mantuve con mis queridos filántropos Ángelmendi y Loló Trives. La obra está concebida para honor y gloria de la figura de Flotats. Un integrado, como lo denominó Ángelmendi, contrario al apocalíptico Pascal. Flotats se divierte, se hace simpático, humaniza a Descartes. Loló Trives duda de la teatralidad de la puesta en escena, ve un producto mediático, favorecido por el todo vale y la enjundia del actor. A mí si me parece teatro, existe conflicto, lo que no me parece es que haya espectáculo, apenas hay movimiento, entradas y salidas, peripecias...

Dicen que después de la escena terminaron en cena, nada recomendable, de unos tomates verdes fritos. Dicen que después tomaron unos combinados en un bar de ambiente sin ningún ambiente. Dicen que Juan sin Credo sufrió una contractura cervical durante más de una semana y se prometió a sí mismo, una vez más, no pagar entrada, a pesar de la crisis, en los palcos del Español.

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