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Juan sin Credo

La contadora de películas

La contadora de películas

 

La resaña con seña

Se oye comentar a la gente del lugar que Juan sin Credo ha leído la penúltima novela del recientemente galardonado Premio Alfaguara de Novela, Hernán Rivera Letelier, titulada La contadora de películas, publicada por el mismo sello, perteneciente al Grupo editor Santillana, en noviembre del 2009.

Parece ser que el narrador está en primera persona y si, primeramente, la voz es un torrente de chispa prendida de excelente sentido del humor, ésta acabará convirtiéndose en un acibarado cáliz rebosante de amargura.

Parece ser que el contexto histórico o tiempo externo sitúa la acción narrativa en los años dorados de la cinematografía americana, antes de la irrupción masiva de los televisores en los hogares, a mediados de la década de los 50 del pasado siglo.

Parece ser que el tiempo interno o tiempo de la narración abarca unos siete años. Desde que la protagonista comienza a desarrollar su don, tan solo con once años, hasta el momento en el que se hubiera podido reencontrar con su madre, cuando ya tiene dieciocho, aunque todo el cuerpo narrativo es una visión retrospectiva que se cuenta desde el presente, ya con la protagonista adulta.

Parece ser que el espacio vuelve a ubicarse en las fantasmagóricas Oficinas salitreras del desierto de Atacama, con esas calles azotadas por el caluroso aire viciado que hacen respirar miseria y marginalidad. Como espacios secundarios aparecen la casa de la protagonista, la pulquería y, evidentemente, el cine.

Parece ser que el personaje principal es la contadora de películas, Margarita María, alias la Hada Delcine, fabulosa narradora oral que pierde todo su encanto con la llegada de la televisión al Campamento y, finalmente, sobrevive vendiendo su cuerpo al administrador, treinta y siete años mayor que ella. Otro personajes son su padre paralítico, sus cuatro hermanos, su madre, el administrador, y Nolasco el pederasta prestamista.

Dicen que a Juan sin Credo esta brevísima narración no le ha encandilado tanto como la del Fantasista pero advierte las logradas dotes narrativas del autor y esa permanencia de una atmósfera irreal sobre un territorio marcado por la violencia sorda en una lucha desesperada para la supervivencia.

(El narrador de la contadora)

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