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Juan sin Credo

La paciente penitencia del público

La paciente penitencia del público

Últimamente he intentado leer los relatos pertenecientes al libro Caras B de la música de las esferas del flamante ganador del Premio Anagrama de Ensayo 2010, Eloy Fernández Porta, gracias a su reflexión sobre el amor y el capitalismo con el nombre de Eros. La superproducción de los afectos.

Tales artefactos narrativos, publicados por la editorial Debate en el 2001, gozan de un mecanismo inextricable que, honestamente, me ha sido imposible desentrañar. El primero de ellos, titulado Making off, creo que trata sobre las conversaciones entre un director de cine con los actores, manteniendo una serie de relaciones transversales, entre la realidad y la ficción, que no conducen a ninguna parte. El narrador es ultraobjetivo, frío, distante. A modo de cámara fílmica se suceden las secuencias narrativas sin ser capaces de transmitir ninguna emoción, ningún sentimiento. En definitiva, un indigesto e insoportable relato para mi caprichoso y decadente gusto.

(El nocillero inenarrable)

De la misma manera, también me ocurrió con la filmografía del director portugués Pedro Costa. Su película, tan laureada por la crítica de la revista Cahiers du Cinéma, Juventude em Marcha, me pareció insufrible con esas escenas tan lentas que adolecen de un mínimo sentido cinético, sin apenas diálogo y el poco que hay, para colmo, es en un idioma distinto al castellano.

Sin embargo este desasosiego o ansiedad que anida en el alma cuando existe una presencia de rechazo hacia un agente extraño no me sucede con la obra dramática del reflexivo Juan Manuel Romero. Bien es verdad que su teatro necesita, al igual que los dos autores citados con anterioridad, de un público comprometido, un público que participe y se implique con los retazos existencialistas que les abruma desde los atormentados labios de esos personajes creados por el dramaturgo.

(El dramaturgo existencial)

Porque si el teatro de Juan Manuel tiene una sólida arquitectura es debido a la búsqueda incesante del Santo Grial que contiene las sagradas palabras. No encontraremos elaboradas coreografías ni rápidas transiciones o equívocos que conducen a situaciones disparatadas pero si el anhelo de una prensión de una ínfima vaharada que contenga al menos una minúscula parcela de la Verdad. El teatro de Juan Manuel es un teatro donde predomina el texto, esculpido y embellecido, muy cercano al simbolismo propuesto por el género lírico, intentando transformar la prosaica realidad que nos atrapa sin remedio encaminándonos hacia los sucios sumideros de la mediocridad.

Podemos entonces encontrar muchos defectos y carencias en el estreno de su Prisionero en mayo en la Sala Lagrada el 29 de abril del 2010. Sobre todo una descompensación en el trabajo de los actores, en donde uno de ellos absorbe y minimiza el de los demás que pone en serio peligro el resultado escénico. Pequeñas anomalías propias del ajuste que con el rodaje, estoy plenamente seguro, quedaran resueltas.

(El equipo de Prisionero)

A pesar de estas mínimas imperfecciones recomiendo la asistencia al espectáculo -que desde el jueves hasta el domingo que viene (20-23 de mayo) estará en la Sala Montarcagas- a todos aquellos que necesiten escuchar el aliento de un latido en rabiosa lucha por la creación de una conciencia humana, alejada del espíritu gregario y desindividualizado que actualmente nos gobierna, para que recuperemos durante las dos horas de representación la frescura de nuestra dignidad maltrecha.

Dicen que Lolo D´ia Trives y Juan sin Credo salieron con criterios dispares poniendo en tela de juicio los gustos y deseos del público. Dicen que Lolo D´ia Trives encumbró el juego escénico barroco del gran Calderón. Dicen que Juan sin Credo iba a tomar la palabra cuando una horda de cláxones y petardos, provenientes del otro Calderón, con bufandas multicolores celebraban, gregarias, su éxito del pase a una final europea. Dicen que pensó que lo que al público mayoritariamente le gusta son los enfrentamientos épicos de nuestra bélica deportiva moderna y que les dejen de zarandajas sobre las disputas entre la lírica y la dramática textual.

(Pan y Circo oe, oe, oe)

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1 comentario

CIENTÍFICOS FUTURISTAS -

Nos consta que habiendo mantenido conversación entre el conde de Abascal y Juan sin Credo quedó claro que la flecha iba dirigida para los que sólo tienen los ojos puestos en el vedetismo actual del culto al ídolo mediático
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