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Juan sin Credo

Hombre sin pieda(d)=(d)es-esperado o El Roscón con Nata de las Navidades

Hombre sin pieda(d)=(d)es-esperado o El Roscón con Nata de las Navidades

 

Mi magnánimo doctor di A´Trives:

No he conseguido que mi ánimo se sosegara hasta que no comencé esta presente misiva. ¡Qué placer llegar con el postre y releer, nuevamente, al impetuoso Juan sin Credo ! Bien te puedes imaginar el disfrute de la dulzura empalagosa de este bizcocho relleno con nata y salpicado con frutas escarchadas más las polémicas encendidas de tan radiante crítico.

En este momento, las páginas entre las que me pierdo tratan de David Mamet. -Si hombre, si- Acuérdate de su origen eslavo y religión semítica, sus inicios con la St Nicholas Company, el estreno neoyorquino en 1975 de Perversidad sexual en Chicago, en el St. Clements Theatre del circuito Off-Off Broadway que le abrirá el camino de la representación en Broadway de El búfalo americano ese mismo año.

(David Mamet)

-No te suena-, pero doctor. ¡Qué despiste! Espera que voy a coger otro trozo de este delicioso Roscón. Te comentaba que este dramaturgo, -coof- nacido en Chicago, es el autor de Glengarry Glen Ross -ejem, ejem-, premio Pulizter de 1984, cuya versión cinematográfica, -grunch, grunch, grunch- de 1992 llevaba el título de Éxito a cualquier precio. Disculpa -tuf, tuf, tuf, tuf- voy a beber un poco de agua, -aghg, aghg, aghg, aghg, aghg-, creo que me he atragantado, -coof, ejem, grunch, tuf, aghg...

Ésta es otra de los cartas del epistolario inédito en poder de Lolo di A´Trives sobre Postrergénito López. Por su puesto que no nos incomoda la pregunta de dónde y cómo conseguimos esta valiosa documentación que confirma el interés por el inquebrantable Juan sin Credo. Dado los numerosos viajes que por todo el mundo hacía el doctor di A´Trives, un día, a finales de diciembre, de trayecto hacia Barcelona, llevaba el maletín de su correspondencia con motivo del XV Congreso sobre el Nihilismo Doctrinario Contemporáneo, donde pensaba exponer una comunicación sobre la influencia de Juan sin Credo en la exégesis quietista.

(Andenes de la estación de Sants)

Con la hora justa, salió pitando en dirección a la salida de la estación de Sants, dejándose olvidado dicho maletín en el vagón. El equipo encargado de la limpieza de los trenes lo dejó en la oficina de objetos perdidos y ésta lo tramitó al servicio postal. Como durante aquellos días la mayoría de las cartas tenían el destino del lejano Oriente, toda esta correspondencia inédita fue a parar, en una única valija, a manos de los Reyes Magos, que se pusieron en contacto con nosotros, visto el interés que siempre habíamos mostrado por rescatar todo lo relacionado con la palabra del denostado crítico de la cultura Juan sin Credo.

Paralelamente, recibimos una llamada del Hospital de San Rafael, pues en el estómago de un paciente se había encontrado un adornito pueril, de ésos que se encuentran en los Roscones de Reyes, que contenía una extraña y oculta inscripción. No lo dudamos: Juan sin Credo. Así fue; otro éxito para nuestros eficaces medidores de frecuencia. Tal documento estaba fechado a 3 de enero de 2010 y trataba sobre la puesta en escena de Glengarry Glen Ross bajo dramaturgia de Daniel Veronese en el Teatro Español. Pensando siempre en el disfrute de sus únicos y fieles lectores pasamos a continuación a transcribir su hilarante y lúdica doctrina.

(De nuevo Veronese)

De vez en cuando me gusta empaparme de soledad para sobrevivirme como individuo y poder contemplar con detenimiento la naturaleza humana. Se había adelantado el pistoletazo de salida de las rebajas y hordas de sapiens consumistas copaban las escaleras mecánicas de la parada de metro del Templo Comercial.

El centro de la ciudad también se tornaba angustioso, con las aceras impracticables de peatones ávidos del último regalo como si de la última copa se tratase. Llegué con tiempo al Español y ascendí a los techos, compañero de la gigante lámpara de lagrimones, espectadora sempiterna de éxitos y fracasos a lo largo de los tiempos.

(Prima hermana de la lámpara del Español)

El escenario abierto a 90º, cuya bisectriz parte del punto medio de las tablas, nos muestra un espacio con tapices de motivos orientales a la izquierda del espectador, mientras que a la derecha se encuentran dos mesas de camilla, separadas por una bambalina con gasa transparente. Todo ello iluminado con un potente color rojo. En primera línea, otra mesa a la izquierda y un sillón de sky a la derecha. También un teléfono, humo de cigarrillos y whiskies solos con hielo o sucedáneos de la utilería.

En este espacio escénico, como es sabido, se desarrollan los tres primeros cuadros del primer acto, en el cual se nos van presentando los personajes. Mencionaré el añadido introducido por Veronese del problema de salud de la hija de Levene que no aparece en la obra de Mamet, quizá para dotar de mayor dramatismo o justificar como desesperación la codicia del personaje.

(Levene, a la izquierda, satisfecho)

En el segundo acto, la pared de la izquierda, donde aparecían los tapices y un máquina prediluviana de tabaco, bascula hacia la derecha mostrándonos el espacio de una oficina con un mobiliario de los ochenta, siendo ahora la zona izquierda del espectador un lugar cerrado donde serán interrogados los personajes. Finalmente, el fondo de la escena servirá como entrada de dicha oficina.

El vestuario consta de trajes de chaqueta, sobresaliendo el elegante azul tiburón de Richard Roma. La música apenas tiene presencia, excepto para el cambio de acto con unos mínimos acordes. El juego de luces, como se ha señalado, tiene especial importancia en el primer acto.

(El grupo de actores)

Como casi siempre Veronese tira de la fuerte presencia del actor, para ello cuenta con un elenco excepcional, Carlos Hipólito, -Levene- Ginés García, -Williamson- o Gonzalo de Castro, -Roma- son los pilares fundamentales sobre los que se sustenta la acción teatral pero no hay que dejar de lado la magnifica interpretación del voraz Moss, por Alberto Jiménez, el derrotado Aarronow, -Andrés Herrera-, o el pusilánime James Lingk, Jorge Bosch. Sólo puedo reprochar las inexistentes contrarréplicas a tan furiosos y desproporcionados insultos y vejaciones que en el transcurso de la obra reciben alguno de los personajes. A mi parecer, resulta inverosímil -quizá por el origen de mi sangre caliente- tanta frialdad en las respuestas que rebaja en un punto el máximo de la tensión dramática.

En definitiva, una entretenida puesta en escena, con un texto insulso, desde el punto de vista estético, cargado de improperios, bombardeado con diálogos entrecortados que provocan el equívoco, la confusión, la vis cómica, triunfo de una cultura mediática que se escapa de los devaneos filosóficos y hondos que debe perseguir todo documento que se precie de tener un mínimo valor literario.

(Escena en la oficina)

Dicen que a Juan sin Credo no le extrañó para nada el éxito que estaba teniendo Glengarry, pues era un fiel reflejo de la sociedad actual: personajes con una fe obstinada en el dinero fácil y en el éxito cueste lo que cueste, donde tanto más vales cuanto más tienes. Dicen que de vuelta a casa, esta vez en autobús, vio como la fila de vehículos para entrar al parking del Templo Comercial era kilométrica. Dicen que al pasar por la pastelería, camino del portal, no pudo resistirse al olor y compró un Roscón de Reyes con nata y abundante fruta escarchada.

(Roscón de Reyes)

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